LA BUROCRACIA ACABÓ CON LOS HOMBRES EN EL TRABAJO

Corría el verano de 1994 cuando el que suscribe se pasó unas semanas en la maravillosa ciudad de Durham (norte de Inglaterra) haciendo un curso de inglés. Entre aquel grupo de estudiantes, procedentes de gran parte de Europa, había una muchacha alemana con la que posteriormente intercambié algunas cartas y ella llegó a enviarme un casete con algunas de sus canciones favoritas: la primera canción de aquel casete era la pegadiza “Down Under” del grupo australiano Men At Work.

La historia de este grupo y esta canción se remonta a finales de los años setenta del pasado siglo en la ciudad australiana de Melbourne, donde la escena musical estaba dominada –fundamentalmente- por bandas de rock que tocaban en pubs ante un exigente público compuesto, en su mayoría, por la clase obrera del momento.

En 1978, el vocalista y guitarrista de origen escocés Colin Hay, dotado de una voz peculiar pero con una sensibilidad melódica influenciada por los Beatles y algunas raíces folk, unió fuerzas con el guitarrista Ron Strykert para formar un dúo acústico. Con la incorporación paulatina del bajista John Rees, el batería Jerry Speiser y el genial multi instrumentista Greg Ham (capaz de alternar entre los teclados, el saxofón y la flauta travesera) formaron el grupo Men At Work, una nueva propuesta musical que fusionaba de manera magistral la urgencia rítmica del new wave, las síncopas espaciadas del reggae y una profunda ironía lírica.

La primera aparición de su tema «Down Under» data de 1979, grabada como una maqueta independiente financiada por los propios músicos: en esa versión germinal, Strykert y Hay exploraban una atmósfera mucho más lenta, casi lúgubre, utilizando botellas de vidrio llenas de agua afinadas a distintas alturas para construir la introducción rítmica. Cuando la multinacional CBS Records advirtió la creciente popularidad de la banda en los clubes de Victoria y decidió ficharlos, los puso en contacto con el productor estadounidense Peter McIan, quien pulió las aristas de este tema acelerando el tempo y proponiendo un nuevo arreglo instrumental para el inicio del corte.

El álbum debut de la banda, “Business as Usual”, fue lanzado en Australia a finales de 1981, pero la compañía discográfica apostó por otro sencillo para el lanzamiento que enseguida llegó al número 1 en el mercado local; sin embargo, cuando el álbum dio el salto al hemisferio norte a mediados de 1982, fue el tema “Down Under” quien se convirtió en un inesperado fenómeno comercial: en enero de 1983, Men At Work alcanza simultáneamente los números 1 en las listas de álbumes y sencillos tanto en EE.UU. como en Reino Unido, lo que les sirvió para tener el reconocimiento de la industria musical -en febrero de ese mismo año- con un Premio Grammy al mejor artista nuevo (Best New Artist). Ese álbum permanecería durante quince semanas de manera consecutiva en lo más alto de las listas estadounidenses, algo inédito para una banda debutante.

Volviendo al tema “Down Under”, no debemos dejar de señalar que se convirtió también en un éxito de la -por aquel entonces- nueva cadena MTV, y poco a poco se fue transformado en un símbolo, una celebración patriótica y festiva de los jóvenes australianos… aunque la narrativa de la letra apenas deja entrever un análisis más profundo: detrás de la historia de un trotamundos australiano que viaja por el globo terráqueo, que en Bruselas se encuentra con un hombre imponente que le ofrece un bocadillo de Vegemite (una peculiar pasta de extracto de levadura típicamente australiana), o que en Bombay entabla conversación con una mujer en un ambiente bohemio… lo que a primera vista parece un cuaderno de viaje rebosante de orgullo local queda advertido en el estribillo con un explícito: «Do you hear, do you hear the thunder? / You better run, you better take cover». Colin Hay ha explicado reiteradamente en entrevistas y en algunos conciertos acústicos que «Down Under», lejos de ser interpretado como un tema desenfadado o un himno patriotero australiano, encierra una elegía y una dura crítica social: el «trueno» al que alude la letra representa la amenaza ante el avance implacable del desarrollo inmobiliario desmedido, el capitalismo corporativo agresivo y la pérdida de la identidad y los valores éticos que caracterizaban a la Australia de mediados de siglo; la canción lamenta la “americanización” del país y la explotación sistemática de sus recursos naturales en aras de la globalización.

Paradójicamente, el mercado masivo transformó una advertencia sombría sobre el despojo cultural en un producto de consumo de masas que celebraba aquello que pretendía criticar.

Después de su segundo álbum, las tensiones internas entre los componentes de la banda provocadas por la fama súbita y las interminables giras terminaron por fracturar al grupo, disolviéndose formalmente en 1986: Colin Hay continuó una respetable carrera en solitario y Greg Ham alternó la música con la enseñanza.

Durante un cuarto de siglo, el legado de «Down Under» pareció intocable, generando beneficios constantes para sus creadores, pero el destino de la composición dio un vuelco irreversible el 31 de mayo de 2007, cuando en el popular concurso de preguntas y respuestas sobre música de la cadena australiana ABC,   Spicks and Specks,el presentador planteó una -a priori- inocente pregunta a los concursantes: “¿Qué famosa canción infantil tradicional se encuentra oculta dentro del solo de flauta que ejecuta Greg Ham en el clásico de los 80 «Down Under»?” La respuesta correcta era «Kookaburra Sits in the Old Gum Tree», una breve y alegre melodía compuesta nada menos que en 1932 por la Srta. Marion Sinclair, una maestra de música de Melbourne: Sinclair había presentado la partitura a un concurso organizado por la asociación de Girl Guides (Guías Scouts) del estado de Victoria, lo que le sirvió para ganar el certamen; y con el paso del tiempo esta pegadiza canción se convirtió en una pieza de cultura popular en los jardines de infancia de todo el mundo anglosajón, describiendo el canto de la pintoresca ave australiana (la kookaburra) posada en un árbol de eucalipto.

Que cada cual valore el parecido de esta melodía con nuestra “Down Under”:

Hasta ese momento no se conocían testimonios de nadie que hubiera percibido similitudes entre ambas canciones:  ni los millones de oyentes a nivel mundial, ni los críticos especializados, ni los ejecutivos discográficos… ni el propio Colin Hay, según su propio testimonio.

Pero esta inocente pregunta y su respuesta no pasaron inadvertidas a los directivos de Larrikin Music, una discográfica independiente que había adquirido los derechos de propiedad intelectual de «Kookaburra» tras el fallecimiento de la autora. Al constatar las sospechas del nexo melódico expuesto en televisión, la firma identificó una gigantesca oportunidad financiera e inició los preparativos para emprender acciones legales por infracción del copyright.

Creo que conviene insistir en que Marion Sinclair compuso la canción en 1932 para un concurso de las Girl Guides de Victoria, y también aclarar que, durante toda su vida, Sinclair nunca mostró interés en comercializar esta canción de alguna manera, sino que permitía de buen grado que las agrupaciones Scout de todo el mundo (no sólo australianas) hicieran uso de su canción de forma gratuita. En 1987, ya mayor, Marion Sinclair donó parte de su archivo y registros a la Junta de Bibliotecas Públicas del Sur de Australia, así que, tras su fallecimiento en 1988, se nombró legalmente a un Administrador Público del Estado para gestionar su herencia y los bienes de su patrimonio… entre los que se incluían los derechos de propiedad intelectual de sus composiciones musicales. En marzo de 1990 la discográfica Larrikin Music compró los derechos de autor de «Kookaburra» al Administrador Público y a la Junta de Bibliotecas Públicas del Sur de Australia (dicen que por 6.100 dólares), convirtiéndose de esa manera en el titular legal único y absoluto de la canción.

El litigio comenzó en el año 2009, enfrentando a Larrikin Music contra los compositores Colin Hay y Ron Strykert junto a las corporaciones editoriales Sony BMG Music Entertainment y EMI Songs Australia. Parece ser que el caso tuvo un gran impacto social en el país a la vez que encendió no pocas alarmas en la comunidad musical internacional debido a sus implicaciones conceptuales: durante el proceso judicial, Larrikin Music sostuvo que el solo de flauta ejecutado por Greg Ham en la sección intermedia de la canción reproducía de manera inequívoca las dos primeras frases de la melodía de «Kookaburra», y al tratarse de una obra protegida por la ley de propiedad intelectual, el uso de dicha estructura melódica sin una licencia previa constituía un plagio flagrante. Por su parte, los demandados Men At Work (y sus discográficas) no negaron la similitud de las notas, pero basaron su defensa en torno al concepto de la «sustancialidad» y el contexto, argumentando que el fragmento en cuestión consistía en apenas unos segundos dentro de una canción pop de más de tres minutos de duración… una suerte de guiño humorístico inconsciente y folclórico que no afectaba a la originalidad de la armonía, a la letra ni a la estructura rítmica global de «Down Under»; asimismo, dejaron patente que Larrikin Music incurría en una conducta oportunista al reclamar derechos sobre una canción que llevaba en aquella época veintiséis años sonando públicamente en todo el mundo sin haber recibido objeción alguna (y antes de que los mismos demandantes hubieran adquirido la propiedad intelectual del tema supuestamente plagiado).

En febrero de 2010, el juez Arthur Emmett dictó una sentencia histórica: tras someter las grabaciones a peritajes musicológicos detallados, determinó que el solo de flauta incorporaba efectivamente una «parte sustancial» de la melodía de 1932. Bajo la estricta legislación australiana sobre los derechos de autor, la reproducción de una frase musical reconocible, por breve que sea, si mantiene su identidad melódica central, infringe la exclusividad del titular, así que el tribunal declaró culpables a Men at Work y a sus representantes discográficos.

La fase más cruda del juicio se centró en la compensación económica solicitada por Larrikin Music: una indemnización de entre el 40% y el 60% de todas las ganancias e ingresos históricos generados por «Down Under» desde su lanzamiento en 1981… una exigencia que habría supuesto la quiebra financiera de los músicos y la pérdida total de su patrimonio.

Finalmente, en julio de 2010, el juez Emmett dictaminó que las demandas de resarcimiento de Larrikin eran excesivas y desproporcionadas en relación con la verdadera contribución de la flauta al éxito global de la pista, así que el fallo final limitó la compensación al pago del 5% de todas las regalías recaudadas desde el año 2002 (fecha límite impuesta por los estatutos de prescripción para reclamaciones financieras en la jurisdicción australiana), así como el 5% de las ganancias futuras derivados de los derechos de sincronización y reproducción mecánica. EMI y la banda interpusieron un recurso de apelación ante el pleno de la Corte Federal, pero este fue desestimado de forma definitiva en marzo de 2011, cerrando la vía legal.

Si bien el dictamen económico del 5% salvó a Colin Hay y a Ron Strykert de la ruina absoluta, las consecuencias psicológicas, morales y reputacionales de la sentencia resultaron devastadoras para ellos y el resto de los componentes del grupo, con especial crueldad para la figura de Greg Ham, quien no soportó ver su nombre y su obra salpicados en prensa con adjetivos tan severos como “plagiadores», o “fraude”. Ham (recordemos que era un virtuoso multi instrumentista) había decidido, de una manera totalmente improvisada durante las sesiones de grabación en el estudio 1981, tocar esas notas en la flauta travesera como un homenaje inconsciente a las canciones de su infancia y después del veredicto se hundió en una severa depresión clínica, agravada si cabe por un abrumador sentimiento de culpa: sentía que su pequeño aporte creativo había destruido la reputación de sus compañeros de banda y empañado uno de los mayores logros culturales de la historia musical de su país. En una desgarradora entrevista concedida al periódico The Age en 2010, el músico desnudó su tormento interior con absoluta franqueza: «Esto nos destruye. Pasará a la historia como el motivo por el que demandaron a Men at Work. Es lo único que la gente recordará. Me siento muy culpable por haber tocado esa línea. Al final de mis días, cuando muera, mi legado se reducirá a haber cometido un plagio. Es terriblemente injusto e hiriente». Aislado y lidiando con el regreso de antiguas adicciones que ya había superado, la salud de Ham se deterioró aceleradamente y falleció en abril de 2012: la autopsia confirmó que un ataque cardíaco fulminante, probablemente propiciado por el estrés sostenido y el desgaste emocional de los años de litigio, había terminado con su vida. Colin Hay, visiblemente conmovido, declaró públicamente semanas después que la presión desmedida del juicio y la humillación mediática habían actuado como detonantes directos del colapso físico y mental de su amigo.

Hoy en día, más de cuatro décadas después de su irrupción en las listas de éxitos, «Down Under» sigue resonando con fuerza en las emisoras de radio de éxitos clásicos, en las plataformas de streaming y en eventos culturales en todo el mundo. Es innegable que la composición posee una magia pop intrínseca que sobrepasa cualquier disputa jurídica: la magnífica voz de Colin Hay, el pulso bailable de su base rítmica y su agudo retrato de la diáspora australiana garantizan su inmortalidad. No obstante, la historia de Men at Work se erige hoy como una de las parábolas más aleccionadoras del negocio del entretenimiento, al demostrar cómo el propósito de una obra de arte puede ser malinterpretado por las masas —cambiando la sátira o crítica social por el festejo nacionalista— y cómo los vacíos y las rigideces de las leyes de derechos de autor pueden ser utilizados por corporaciones de cualquier tamaño –aunque carentes de toda ética- para desmantelar legados artísticos legítimos.

Dese hace unos años Colin Hay colabora con la Ringo Star & All Starr Band, manteniendo vivo el legado de Men At Work y su maravillosa canción:

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