VICTORY BELONGS TO THE MOST TENACIOUS

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Si ustedes están viendo alguno de los partidos del torneo de tenis Roland Garros que estos días se disputa en París, seguramente se habrán fijado en la cita grabada en la tribuna de su pista principal Philippe Chatrier: «Victory belongs to the most tenacious». Aunque la cita se atribuye a Roland Garros realmente su autor fue Napoleón Bonaparte, quien parece que en algún momento sentenció «Victory belongs to the most persevering»

Confieso que yo no sabía que Roland Garros, a pesar de dar nombre a uno de los torneos de tenis más importantes y legendarios del mundo, no fue un destacado tenista sino un deportista aficionado al fútbol, rugby y ciclismo (sobre todo este último a modo de rehabilitación para recuperar su sistema respiratorio de una neumonía sufrida con 12 años).

Continuando con la historia de Roland Garros he podido leer que -nacido en 1888- una vez graduado en una escuela de negocios y siendo empresario emprendedor (eso que ahora mismo está tan de moda), en 1909 y con apenas 21 años asiste a una exhibición aérea y se enamora de aquellos revolucionarios artefactos, así que no duda en comprarse un avión y aprender a volar de manera autodidacta antes de conseguir su licencia de piloto. Su pasión por la aeronáutica le hace batir en 1911 el récord de altitud (casi 13000 pies) y convertirse en 1913 en el primer piloto en cruzar el Mar Mediterráneo desde Francia hasta Túnez.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial no sólo se alista voluntario para luchar desde el aire, sino que detecta las limitaciones armamentísticas de los aviones de la época y revoluciona este campo inventando la primera ametralladora capaz de disparar a través de la hélice. En 1915, y después de acumular algunas victorias, es apresado en Bélgica por los alemanes que copian su invento para implementarlo en sus propios aviones; tardó 3 años en fugarse y, a pesar de los intentos del primer ministro francés Clemenceau por mantenerlo a su lado como consejero, no dudó en volver al campo de batalla donde fue finalmente abatido en 1918. 

Roland Garros siempre se guio e hizo suya la frase de Napoleón «La victoria pertenece al más perseverante», al punto de grabarla en las hélices de sus aviones. Su empuje, inteligencia y valentía hicieron que fuera considerado como un héroe (además de pionero) por la sociedad de la época, un legado que sus amigos quisieron reconocer con el paso del tiempo a través de una iniciativa encabezada por Emile Lesuseur en 1928 para que la pista de tenis construida por los Mosqueteros llevara el nombre de Roland Garros en homenaje a aquellos que -como él- ponen todo el tesón en lograr sus objetivos. Como dijo el propio Napoleón en otra de sus célebres frases: «la victoria no siempre es ganar la batalla… sino levantarse cada vez que uno se cae». 


Recuerdo que en una de mis carpetas en mi época de estudiante llevaba siempre pegada una frase de un coetáneo de Napoleón Bonaparte. Una cita que en su momento me había llamado la atención en una revista, así que la recorté y la pegué en la tapa de mi carpeta, y que rezaba: “El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”, y cuyo autor es de Ludwig van Beethoven. Siempre me llamó la atención que un genio como Beethoven reconociera la importancia del trabajo, la dedicación y la perseverancia, tal y como se ha demostrado en múltiples ocasiones en las artes, en el deporte, en los estudios, en las empresas y en la vida. El talento sin dedicación puede tener un éxito, pero éste será efímero; puede aportarnos una solución en un momento dado, pero es muy difícil que sea la óptima: un equipo sabe que no puede fiar su resultado a los destellos puntuales de alguna de sus estrellas, sino que tienen que trabajar todos como una máquina perfectamente engranada… y aun así nada ni nadie te garantizará resultados satisfactorios.

Otra cita de Beethoven es: “Tocar una nota equivocada es insignificante. Tocar sin pasión es imperdonable”, y es que -al igual que Roland Garros- este genio de la música ponía el foco en la pasión con la que ejecutamos nuestros proyectos. El error o la equivocación es inherente al ser humano, y es comprensible tenerles miedo, pero la pasión es el auténtico motor que nos impulsa a seguir tocando, a seguir mejorando y disfrutando con lo que hacemos, a seguir trabajando para conseguir nuestros objetivos. Es la pasión la que le da sentido a nuestro trabajo y por eso es tan importante para nuestras vidas que nos apasionemos con aquello a lo que nos dedicamos.

Es curioso que tanto Napoleón como Beethoven vivieron en la misma época, entre los siglos XVIII y XIX, y es chocante que ambas figuras históricas destacaran la perseverancia como la pieza clave para conseguir sus objetivos: la victoria o en la genialidad. Quizá deberíamos reflexionar sobre ello, sobre todo en momentos de incertidumbre, y -al igual que Roland Garros- adoptar esa máxima para nuestras vidas y nuestros objetivos, y transmitirla a nuestros hijos para que sean la pasión en su trabajo y la perseverancia quienes guíen sus vidas.

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