El poder de la palabra

Después de varios artículos publicados en LikedIn (que iré subiendo a este sitio poco a poco), y animado por familiares y amigos que bien me quieren, me decido a tener mi propio espacio en la red. Entre proyecto y proyecto y con mis limitados conocimientos de informática, he intentado configurar este espacio para mi, para mis reflexiones, pero también abierto a quienes quieran participar de una u otra forma en él.

Como nada es casual, para empezar les diré que la foto que preside este espacio está tomada desde donde crecí, con vistas a la fábrica de Arnao, a la playa de Salinas, a la entrada de la ría de Avilés y los faros de Avilés y Peñas.

En aquella época mis abuelos tenían familia en EEUU, con quienes el único contacto factible era postal. Cuando el cartero llegaba con un sobre con bordes azules y rojos mis abuelos sabían que llegaba una «carta del norte» con noticias de aquellos familiares «americanos«, tan lejanos en el espacio como cercanos a través del intercambio epistolar.

Según las estadísticas nuestro idioma es el segundo a nivel mundial en términos de hablantes nativos (sólo por detrás del chino mandarín) y el cuarto en número de hablantes. Es una lástima no sólo que no lo cuidemos, sino que no lo usemos más, que no hagamos de este poderoso instrumento un arma de comunicación masiva; así que intentaré servirme de nuestra lengua para compartir algunas historias con ustedes.

Poco a poco iremos escribiendo, reflexionando, hablando de temas profesionales o sociales, que espero que les gusten, aunque no siempre estén de acuerdo con mis planteamientos.

Les invito a participar dejando sus comentarios en los espacios reservados para tal fin.

Seguro que hay cosas mejorables y otras que no funcionan correctamente: soy el responsable e intentaré corregirlas tan pronto como me sea posible, por lo que les ruego paciencia.

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IR POR LANA Y VOLVER TRASQUILADO

El 11 de mayo de 1932 nacía en un humilde hospital de Lavapiés Francisco Umbral. Aunque nacido en Madrid, pasó los primeros años de su vida en Valladolid y Laguna de Duero, soportando lo que él mismo definió como una “infancia cruel y una adolescencia atroz”: hijo de una madre soltera y de un padre que nunca lo reconoció, se pasó gran parte de su infancia engañado -curiosamente como Eric Clapton- sin saber que una de sus tías era, en realidad, su madre. Hasta los diez años no pisó las aulas, una experiencia que resultó desastrosa para un niño que no era capaz de adaptarse a la estricta disciplina en la educación de la época; además, la resistencia de su madre a presentar su partida de nacimiento en centros de enseñanza oficiales –para evitar que se descubriera su verdadera filiación- le cerró el acceso a estudios superiores e hizo que Paco Umbral se convirtiera en un devorador de libros autodidacta.

Sin estudios, el joven Umbral empezó a trabajar con catorce años de botones en el Banco Central de Valladolid, aunque su mente viajaba entre palabras, relatos e historias… especialmente desde que conoció el poemario Cántico de Jorge Guillén: el gozo del ser, la exaltación del instante y la conciliación del hombre con el mundo pasaron a convertirse en una obsesión en la existencia de Umbral.

Después de pasar por la prensa de León y Valladolid, el talento para la prosa de nuestro autor llamó la atención de Miguel Delibes y éste lo apadrinó para dar el salto a Madrid en 1961: allí se convierte en un habitual de las tertulias del Café Gijón, adoptando -además- una estética dandi que le acompañaría el resto de su vida. Su calidad literaria no pasa desapercibida y enseguida empiezan las publicaciones de sus novelas y ensayos, así como sus colaboraciones en diarios con un novedoso estilo inconfundible que mezcla la actualidad con una esmerada prosa lírica y humorística, una clase que consagra su carrera literaria.

Ya a mediados de los años setenta, en 1974, pierde a su único hijo -con sólo seis años- a causa de una terrible leucemia, pero es capaz de canalizar ese inmenso dolor hacia la obra Mortal y rosa (1975), considerada su obra cumbre y una de las más bellas elegías de la literatura española. También en 1975 gana el prestigioso Premio Nadal y a partir de ahí comienza su etapa de consagración absoluta, con una prolífica producción literaria unida a una no menor influencia política; sus columnas (primero como figura destacada en El País, más tarde en  Diario 16 y finalmente en El Mundo) se convertirán en retratos de la cara y la cruz de la capital: de la efervescencia de la democracia y la Movida Madrileña, pasando por los excesos de la alta sociedad o los nuevos ricos (beautiful people)… hasta el ocaso del “felipismo”.

La intensa andadura vital de aquel pobre botones en un banco de provincias, del escritor de elevada prosa o del dandi del Café Gijón, cuyo acercamiento al Partido Comunista (merced a su amistad con Santiago Carrillo) le llevó inmediatamente al escepticismo político, le otorgó a nuestro autor la autoridad moral y el colmillo afilado para para escribir en 1993 La década roja, un libro que muchos no habrán leído pero cuya presentación en televisión seguramente todos recordamos:         

Lo que pudiera parecer una intervención excéntrica y extemporánea tiene un trasfondo mucho más profundo; más allá de la indignación, el enfado de Francisco Umbral entraña también la sospecha de una supuesta censura: recordemos que, en 1993, cuando las cosas ya no le iban tan bien al PSOE de Felipe González, esta obra supone un retrato crítico, ingenioso y mordaz sobre los diez primeros años de gobierno socialista en la que el autor no sólo se atreve a criticar el socialismo, las contradicciones políticas o la corrupción… sino a plasmar el desencanto con una situación y una sociedad que nada tienen que ver con aquella ilusión democrática con la que se iniciaba la década de los ochenta. Además, a través de su disertación el escritor también deja en evidencia a la moderna televisión que llegaba con la década (recordemos que la entrevista es en Antena3, una de las cadenas privadas que empezaron a emitir a principios de los noventa) con sus comentarios: “esto es un engaño, como toda la televisión, que es putrefacta, como dicen todos los días los columnistas de televisión”, “el que hagáis programas, que os pagan muy bien la televisión, y os los llenemos gente que no cobramos un duro… ya está bien”, y aún le queda tiempo para reprender a la afamada y profesional periodista Mercedes Milá:  “me has prometido por teléfono que el tema iba en torno a mi libro… Entonces yo me voy, porque mi opinión la expreso todos los días en el periódico y para eso me pagan y ahí me desahogo y digo lo que pienso, y me juego la vida y el porvenir”.

Por último, también es digna de mención y análisis la reacción del público, quienes, ante las evidencias del escritor exteriorizando la farsa del programa, le afean la intervención, le invitan a marcharse y se posicionan del lado del sainete (supongo que pensarían “show must go on”), algo que recibe el aplauso del propio Umbral.

Esta escena, ocurrida hace más de treinta años, es el día a día en muchas empresas, en muchos ámbitos y en nuestra propia sociedad; para cualquier acto o debate se buscan voces autorizadas (a veces incluso rogando su asistencia por favor) que den lustre a la ponencia: si sabemos que su discurso no va a ser conveniente se deja pasar el tiempo sin darles la oportunidad de expresarse, y si se les ocurre pedir la palabra… es mejor que abandonen la sala. Nunca antes en la historia habíamos visto tantas evidencias dignas de comentario o meritorias de crítica o debate y, bien las partes interesadas o bien el mensajero (la mass media en este caso) se encargan de maquillar o silenciar.

En 1993 la TV fue a por lana y volvió trasquilada con Francisco Umbral, me temo que hoy eso sería casi imposible.

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DE SENECTUTE (Δημοσθένης)

En la obra De Senectute de Cicerón, cuando Escipión y Leio le argumentan a Catón que la vejez aparta de las actividades, éste les responde señalando que las cosas más importantes no se hacen con la fuerza, la rapidez o la agilidad física, sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión… algo que la experiencia y la vejez otorgan.

El pasado martes, 12 de mayo, el Real Madrid emitía un comunicado anunciando la comparecencia de su presidente, Florentino Pérez, y una rueda de prensa posterior. Súbitamente las especulaciones sobre este anuncio empezaron a manar y extenderse entre los medios de comunicación y creadores de contenido: sorprendentemente, para todos los informadores que siguen al club y que se vanaglorian de conocer sus interioridades y entresijos, el anuncio fue tan inesperado que las conjeturas de los eruditos comentaristas iban desde la dimisión del presidente, algunos cambios en la directiva, la llegada de un nuevo técnico o algún jugador… hasta alguna novedad sobre acciones extradeportivas del club relacionada con el caso Negreira. La expectación y la emoción crecían, especialmente entre aquellos que llevan años criticando -con razón o sin ella- al presidente del Real Madrid porque, aunque hace décadas que el periodismo hizo méritos para ganarse el apodo de “cuarto poder”, no es menos cierto que en los últimos años los medios de comunicación se están convirtiendo de forma generalizada en altavoces de intereses particulares, en espacios donde cualquier sujeto (cualquier “random”, que dirían los adolescentes de hoy en día) puede asomarse y soltar cualquier infundio, exabrupto o insulto con total impunidad y avalado por la sacrosanta libertad de expresión: esta situación, que una vez detectada debería hacernos reflexionar y poner en cuarentena absolutamente todo lo que leemos, escuchamos e incluso vemos, no se percibe con la gravedad que amerita un proceso de manipulación masivo.

Volviendo a Florentino, éste compareció -solo ante la prensa cual Gary Cooper en Solo ante el peligro– para dar cuenta de una corriente de opinión formada contra los intereses del club y contra él mismo, para informar de que no sólo no iba a dimitir, sino que convocaba elecciones con carácter de urgencia para que, con total libertad y siguiendo los estatutos de la institución merengue, aquellos socios que representaran una alternativa a su gestión tuvieran la oportunidad de disputarle el puesto de mando a través de un proceso electoral reglamentario. Aprovechó la ocasión también para denunciar a cierta parte de la prensa que, no sólo no reconoce los méritos del club, sino que no tiene reparos en criticar todo lo relacionado con el Madrid y verter mentiras sobre la vida privada del propio Florentino Pérez. Para terminar su intervención se refirió al caso Negreira y confirmó que el club pondría en los próximos días un dossier con información en manos de la UEFA, a quien le solicitaría su intervención urgente en este escandaloso asunto.

Y, a partir de ahí, empezó el cuerpo a cuerpo con los periodistas que habían acudido a la comparecencia, desbordando incluso a su responsable de prensa que no sabía cómo intervenir para cortar la improvisada contienda.  

Debo admitir que ver a un cuasi octogenario comparecer ante una prensa que lleva mucho tiempo criticándole sin ninguna piedad me recordó al De Senectute que comentábamos en el primer párrafo, pero el arrojo de presentarse sólo, sin armadura, lanzando el mensaje “queríais mi cabeza, pero serán los socios del club quienes decidan” me pareció una jugada maestra que vino acompañada –además- de la temeridad y el atrevimiento, al entrar en el cuerpo a cuerpo con los reporteros presentes en la sala para defender el respeto debido hacia el club y hacia su persona. Hay motivos de sobra para debatir sobre el Real Madrid y la gestión de Florentino Pérez, pero la prensa ha pasado de soslayo por ellos para centrarse en el sensacionalismo, seguramente porque una crítica honesta desvelaría errores a la vez que aciertos, y quizás dar valor a los éxitos de la gestión de este presidente sea incompatible con algunos otros intereses inconfesables de los medios de comunicación.

Resulta sorprendente cómo la prensa, aquella que se hace eco o, tal vez, incita campañas de silbidos y abucheos al equipo o al palco y gritos de “Florentino, dimisión” en el Bernabéu cuando las cosas no van bien, y que ha conseguido el objetivo de que Florentino Pérez adelante elecciones y ponga su cargo a disposición de los socios del club, se rasgue las vestiduras porque el presidente se haya arremangado en una rueda de prensa y señalado a determinados medios o periodistas que han mentido sobre el club y sobre él de manera personal. Si los datos publicados fueran objetivos, los firmantes tendrían la tranquilidad de demostrarlo y dejar en evidencia al mandatario blanco (como hacía José María García en sus mejores tiempos), pero cuando eres tan mediocre para basar tus críticas en vaguedades, falsedades o mentiras te arriesgas a que la verdad te deje en evidencia.

Las dificultades de algunos plumillas para percibir un discurso, asimilar y transmitir el mensaje de una manera aseada quedaron reveladas en la publicación de ABC al día siguiente (página 38 de la edición de Madrid)… precisamente en uno de los medios más señalados por Florentino en su comparecencia. En un artículo que pretendía informar sobre la inusitada intervención y –particularmente- dar cuenta unas palabras de Florentino en las que insistía en la denuncia de una campaña que hay contra él mismo y el Real Madrid por parte de algunos ilustres periodistas, que -a juicio del presidente- se creen que mandan en el club y a los que él denomina los “intelectuales del régimen” porque que se dedican a “filosofar como si fuesen Demóstenes”… el periodista de turno no tuvo reparos en convertirlos en mostoleños.   

Demóstenes, por cierto, fue el orador y político más importante de la democracia ateniense; su vida destacó por mantener una enorme fuerza de voluntad que le posibilitó sobreponerse a su fragilidad, sus tics nerviosos y sus problemas de locución (tartamudez y debilidad en la voz), unas limitaciones físicas de nacimiento que fue capaz de superar con un férreo entrenamiento físico y vocal, hasta convertirse en el mejor orador de la antigua Atenas. Además, es reconocido por su defensa de la democracia ateniense frente al expansionismo del rey Filipo II de Macedonia.

Volviendo a la comparecencia de Florentino Pérez, y con respecto a los programas radiofónicos, las pruebas del trato dispensado cada día por la “intelectualidad mediática” en las distintas tertulias al Real Madrid están a disposición de todos los interesados en los programas que a diario publica Richard Dees en su página  http://elradio.es/, aunque con ocasión de esta comparecencia convendría destacar especialmente que en la Cadena COPE se refirieron a la intervención del presidente Pérez en términos de “ridículo”,  “delirio” y de que había sido una “mezcla de Joe Biden y Rubiales” o “el discurso de Trump con la falta de energía de Biden”, unos mensajes o calificativos que dejan entrever signos de senilidad en el orador… algo desconcertante cuando la propiedad de esa cadena es la Conferencia Episcopal, cuyos miembros nos son jóvenes precisamente y encarnan una doctrina que no sólo condena el edadismo, sino que lo denuncia como una lacra que padecemos hoy en día y que atenta contra la dignidad de las personas: el propio Papa Francisco afirmó que la edad avanzada es una bendición y que -lejos de ser un argumento para el descarte- es un don de madurez y sabiduría.  

Es habitual que los modernos periodistas elucubren sobre la salud y la capacidad física o intelectual de Florentino Pérez, o que se refieran a su equipo como “la dinojunta” en alusión a épocas jurásicas, buscando una mofa y un desprestigio a cuenta de la edad… y eso parecía una divertida premisa asumida por todos hasta que este hombre de provecta edad tuvo el arrojo de salir a dar la cara y asumir una de sus debilidades (el debate improvisado) para poner en la mesa los datos objetivos de su empresa -la constructora ACS- y del club que preside, y empezar a poner a cada uno en su sitio: si tiene que salir de la presidencia del club lo echarán los socios en unas elecciones pero no una campaña orquestada. Podremos debatir si la intervención fue más o menos ordenada, si las formas fueron mejorables, pero creo que no debemos quitar mérito a la anticipación en los hechos o a las denuncias a cara descubierta que formuló y que dejen en evidencia discursos interesados o corrupciones sistémicas.

Recuerden lo que dijo Catón: las cosas más importantes no se hacen con la fuerza, la rapidez o la agilidad física, sino mediante el consejo, la autoridad y la opinión… algo que la experiencia y la vejez otorgan.

Por si quieren repasar la rueda de prensa a la que se refiere este artículo, se la comparto:

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CONTIGO, PAN Y CEBOLLA

Un joven muchacho no podía reprimir las evidencias de su ilusión al haber encontrado una novia que iba a colmar su vida de felicidad eterna. En medio de tanta efusión, un buen amigo -bastante mayor que él- se encargó de aterrizarle los ánimos con la siguiente reflexión: “está muy bien que ahora os queráis, en este momento sólo hay felicidad para vosotros y no hay problemas, es comprensible que no veáis más allá del “contigo, pan y cebolla” … pero la vida no es así, los problemas llegarán y en algún momento acabaréis discutiendo sobre a quién le corresponde el pan y a quién la cebolla”. Por cierto, la expresión “contigo, pan y cebolla” es un popular refrán español que se popularizó en el siglo XIX por la obra teatral del mismo nombre firmada por el mejicano Manuel Eduardo de Gorostiza en 1833, en la que, simbolizando la promesa del amor eterno frente a la pobreza, ridiculizaba el romanticismo extremo y la lectura irreflexiva de las novelas sentimentales.

En los últimos meses las tertulias futboleras se nutren (y en muchos casos se regocijan) con la mala situación que vive el Real Madrid, una colección de desventuras y una deriva que parece haber tocado fondo con las últimas revelaciones sobre desavenencias internas y peleas entre los miembros de su plantilla, y que perfectamente representan situaciones que se pueden llegar a vivir en cualquier empresa, organización o incluso familia cuando las cosas no van bien y afloran los problemas.

Partiendo de la base de que la inmensa mayoría de nosotros sólo conocemos lo que nos cuentan, y que esto en la mayor parte de las ocasiones son informaciones interesadas, o debidamente tergiversadas por acción u omisión, en beneficio de alguien, creo que deberíamos ir al origen de la coyuntura para comprobar que no estamos ante un único contratiempo, sino ante una serie de problemas relacionados entre sí.

En junio de 2024 el Real Madrid culminaba una triunfante temporada en la que ganaba la Supercopa de España, la Liga española y la Champions League. El éxito de aquella campaña quizá hace olvidar a los aficionados la plaga de lesiones sufrida por el equipo, especialmente graves (rotura de ligamento cruzado) en el caso de tres jugadores fundamentales como Courtois, Militao y Alaba… una situación que llevó a la plantilla a tener que resistir durante gran parte de la temporada con hasta ocho bajas simultáneas de sus mejores jugadores por motivos físicos; semana a semana el equipo se iba sobreponiendo y ganando partidos hasta coronarse con su decimoquinta Champions en Wembley.

Al dramatismo del estrés físico con la que aquellos jugadores terminaron la temporada se unió la celebración en el verano de 2024 de importantes competiciones de selecciones nacionales de fútbol, donde participaron muchos de los integrantes del equipo blanco, como la Eurocopa de Fútbol en Alemania, la Copa América en EE.UU. o los Juegos Olímpicos de París… entre otras competiciones y campeonatos de menor relevancia. Sin apenas descanso, a mediados de agosto empezó la temporada de fútbol 2024-25, una temporada que el Real Madrid afrontaría sin Toni Kroos (retirado), sin su capitán Nacho Fernández y sin Joselu, piezas clave en la temporada anterior que habían decidido irse a rematar su carrera en el extranjero. El técnico Carlo Ancelotti ya anticipaba en las primeras semanas de la competición que la campaña se haría larga, al estar prevista la nueva competición FIFA del Mundial de Clubes en junio y julio de 2025… aunque seguro que no imaginaba que la plaga de lesiones en el equipo sería incluso peor que en la temporada precedente, con más de 50 partes médicos y bajas que golpearon de nuevo al equipo blanco. Ese año la suerte y el juego no acompañaron al Real Madrid por lo que, a pesar de ganar la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental, las críticas al equipo no tardaron en llegar y Carlo Ancelotti dejó su puesto a Xabi Alonso antes incluso del Mundial FIFA de Clubes en junio de 2025.

Sin apenas tiempo para descanso y preparación, la temporada 2025-26 empezó en agosto del pasado año y -a pesar de contar con algún refuerzo- continuó la plaga de lesiones, una situación que en los últimos años se cronifica y que es inaceptable para cualquier equipo de cualquier deporte profesional. Xabi Alonso no consiguió el juego que perseguía, físicamente el equipo no alcanzó el nivel esperado, seguramente que los jugadores no colaboraron como se espera de profesionales de alto nivel y el rendimiento general del equipo continuó su declive, hubo comportamientos inaceptables… y la situación hizo que el técnico vasco dejara su puesto a Álvaro Arbeloa, quien tampoco ha sido capaz de enderezar el rumbo.

Asumiendo que, para gran parte de la prensa haga lo que haga el Real Madrid la entidad siempre lo hará mal, es evidente que el club ha pasado de una exitosa temporada 2023-24 en la que -contra todo pronóstico- superó todas las adversidades haciendo bueno el refrán de “contigo, pan y cebolla”, a una situación actual en la que el equipo no rinde, las diferencias dentro del grupo humano han aflorado y los egos han pasado ya de la berrea al choque de cuernos para discutir quién se come el pan y quién se traga la cebolla. La plantilla lleva demasiado tiempo sin estar bien físicamente, la plaga de lesiones y la saturación de partidos han hecho que los jugadores no hayan entrenado ni descansado adecuadamente, el juego se ha visto afectado y aquel buen fútbol que desplegaron en algún partido de hace un par de temporadas se ha dejado ver cada vez menos y con cuentagotas, los resultados son malos, el buen ambiente se va perdiendo… y desde fuera parece que falta un líder sólido que ponga orden, que catalice los ánimos y que oriente el rumbo en momentos de zozobra, una ausencia que ha debilitado la unión del equipo.

El escritor estadounidense G. Michael Hopf introdujo en su novela “Those Who Remain” (2016) una cita que merece una reflexión, tanto para el ámbito deportivo y la situación del Real Madrid como el tiempo que nos ha tocado vivir: «Tiempos difíciles crean hombres fuertes. Los hombres fuertes crean tiempos fáciles. Los tiempos fáciles crean hombres débiles. Y los hombres débiles crean tiempos difíciles»

¿Tiene solución?

El Real Madrid ha acreditado a lo largo de su historia que es capaz de superar crisis de toda índole y esta vez se supone que no será una excepción. Centrándose en factores internos, los datos expuestos sobre los últimos años, con tres entrenadores distintos, nos han demostrado que hay un problema serio y preocupante con las lesiones y que el club debería atajar no sé si desde los servicios médicos, desde la preparación física, desde la nutrición, desde la ingeniería de los campos de juego… o desde un equipo multidisciplinar que los coordine a todos. Paralelamente, es fundamental extirpar la cizaña, el topo, el personal que filtra las interioridades del equipo y de la empresa a la prensa… y aquí deberíamos volver a preguntarnos por qué gran parte de la prensa en España está expectante (y en muchos casos anhelante) por los problemas de cualquier índole que afecten al Real Madrid. 

Después de las actuaciones sanitarias, encaminadas a proteger, mejorar y fomentar la salud tanto individual como grupal, no es difícil prever que llegarán las decisiones técnicas para sacar del club a los jugadores que no hayan dado el nivel o estén dispuestos a sacrificarse por la empresa y reforzar las áreas que lo precisen a todos los niveles (tanto jugadores como cuerpo técnico). Debemos tener en cuenta que, por muchos nuevos jugadores o técnicos que se incorporen, si no se ataja el problema sanitario que señalábamos en el párrafo anterior, el equipo seguirá trabajando con un importante lastre.

Tras las intervenciones en los negociados que dependen propiamente de la empresa, para valorar objetivamente la situación debe tenerse en cuenta también que el equipo compite a nivel nacional en un entorno con indicios de “corrupción sistémica”, como consideró el juez Aguirre en su auto durante el transcurso de la instrucción del caso Negreira, un hecho incontrovertible que la inmensa mayoría de medios de comunicación se resiste no sólo a tener en cuenta, sino también a denunciar. Con respecto a esta circunstancia, recordemos que el juego limpio (fair play) es un bien jurídico, un equipo no comete delito por jugar bien, mal o regular… pero intentar interferir o influir en una competición es ilícito, y en ese sentido el club merengue trabaja en la fase de instrucción de la causa abierta en la justicia ordinaria, anuncia que pondrá la información oficialmente en manos de UEFA, y algunos aficionados ya exploran la denuncia vía derecho privado (línea ética y cumplimiento normativo) de estos organismos supranacionales para poner fin a un sistema que ha demostrado una más que cuestionable integridad.

No cabe duda de que el deporte es un reflejo de la vida: cada día, cada proyecto, cada partido o cada temporada son retos a los que nos enfrentamos en las condiciones que tenemos… si falta la salud en algún miembro el equipo se resiente, si no hay descanso las repercusiones aparecerán en el rendimiento y en el riesgo de lesiones; desde la sensatez y la reflexión debemos evaluar nuestras debilidades y explorar las necesidades técnicas que las cubran… pero -sobre todo- en las malas rachas debemos atajar y extirpar la cizaña de nuestras organizaciones, de nuestras familias y de nuestras vidas: la cizaña se personifica en quien no suma, es aquello que hace aflorar los egos y que nos hará olvidar el “contigo pan y cebolla” para incitarnos a no poner nuestro esfuerzo al servicio del equipo o de la comunidad, sino a disposición de dañinas controversias sobre a quién le toca el pan y a quién la cebolla. Los entornos tóxicos externos y las corrupciones sistémicas no dependen de nosotros, habrá que convivir con ellas esperando encontrar en algún momento una manera de denunciarlas y ponerlas de relieve ante instancias facultadas para su castigo y exterminio… y a partir de ahí -no lo olvidemos- entra en juego la suerte, un factor decisivo que siempre interviene, que no depende de nosotros pero que podemos intentar buscar desde el trabajo y el tesón.

«Sobre el cadáver del león festejan los perros, pero el león sigue siendo león y los perros siguen siendo perros»

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