APACHE

Foto de David Ramírez

Me han cambiado el teléfono corporativo y he puesto de melodía de llamada el conocido tema APACHE:

Este tema es original de Jerry Lordan, quien era el telonero de The Shadows allá por los años 1959 y 1960. Cuando Hank Marvin, Bruce Welch, Jet Harris y Tony Meehan (los componentes originales de The Shadows) escucharon esa melodía tocada con un ukelele por el propio Lordan quedaron entusiasmados y pronto el propio Marvin propuso unos arreglos para grabarla. Dicho y hecho: el grupo grabó APACHE en junio de 1960 en los estudios Abbey Road y en agosto de ese mismo año llegó al nº1 de ventas en Inglaterra desbancando al propio Cliff Richard y manteniéndose nada menos que 5 semanas en lo alto de las listas.

Hank Marvin y Bruce Welch -los guitarristas de The Shadows- habían nacido en 1941 en el norte de Inglaterra (Newcastle y condado de Durham, respectivamente) y la música se encargó de unir sus caminos en la adolescencia, al coincidir ambos en la Escuela de Gramática Rutherford y empezar a tocar juntos en bares locales. Con sólo 16 años (año 1958) tenían las cosas tan claras que deciden mudarse a Londres para participar en un concurso de talentos e intentar ganarse la vida tocando su música, pero la vida en la capital era dura y -como ellos mismos han reconocido- las primeras semanas fueron realmente difíciles, sin dinero para el alquiler y pasando muchos días sin poder comer: la suerte quiso que su casera fuera también oriunda del norte de Inglaterra y les permitiera ciertas concesiones con el pago del alojamiento.

Inasequibles al desaliento, enseguida dirigieron sus pasos al Club 2i’s para intentar tocar en ese local, conocedores de que era un lugar frecuentado por artistas y personas de la industria discográfica. Llegaron a tocar en el Club 2i’s entre 5 y 6 veces por semana, y poco a poco desarrollaron su inconfundible estilo influenciado por los guitarristas del incipiente rock americano: «Esos sonidos nunca se habían escuchado antes en el Reino Unido y, tan pronto como los escuché, quise tocar así«, admitía Marvin en una entrevista. “En 1959 me hice con un ‘Echo’ Meazzi/Vox y todavía lo utilizo hoy. Tan pronto como lo escuché sentí que era el eslabón perdido en el escenario, así que inmediatamente comencé a experimentar con él, porque en ese momento nadie lo estaba haciendo«.  

En el Club 2i’s fue donde Johnny Foster, el mánager de Cliff Richard, conoció a Marvin y a Welch y les convenció para que se unieran a su banda (The Drifters) en la gira por todo el Reino Unido que estaban preparando. En marzo de 1959 es el propio Cliff Richard quien tiene la idea de importar para Hank Marvin la icónica guitarra que influiría en su sonido y a la que quedaría asociado para toda la vida: la Fender Stratocaster “Fiesta Red”, con la que grabaría APACHE, el tema que marcaría el inicio de la carrera en solitario de The Shadows.

Lo que me llama la atención, tanto de The Shadows como de aquellos grupos pioneros de la “música moderna”, es el sonido y la calidad que obtienen con los escasos medios a su disposición, sobre todo cuando los comparamos con cualquier orquesta de medio pelo que hoy en día necesita un escenario plagado de focos, efectos y “ayudas” para desplegar un “arte” a veces bastante decepcionante. Fíjense en los cuatro chicos del vídeo inicial: dos guitarras, un bajo y una simple pero efectiva batería.

Podríamos pensar que lo mismo le ha pasado a esta sociedad y a nuestras empresas: prueben a llevar el coche al taller y que un mecánico encuentre la avería sin enchufar el vehículo a un ordenador para hacer un “diagnóstico” (a veces ni aun así encuentran el fallo), o hacer una simple gestión en un banco, o acudir a alguna de las múltiples administraciones públicas… el mundo ha adquirido tales formas y costumbres que raro es el proyecto de ingeniería en el que hoy en día no se requiere un modelo 3D o un cálculo por elementos finitos no ya para un equipo principal, sino para cualquier soporte o barandilla.

Sin menospreciar ni poner en tela de juicio las innumerables ventajas del desarrollo tecnológico, deberíamos seguir potenciando la simplicidad de cosas, encontrar la virtud de lo sencillo, pero -FUNDAMENTALMENTE- animar a nuestros jóvenes a que “trabajen sus aptitudes” y salgan de la manida pero en este caso real “zona de confort”: ¿cuántos jóvenes estarían dispuestos a salir de casa con 16/17 años para irse a una ciudad como Londres a defender su proyecto, sin dinero y con altas probabilidades de estar semanas sin apenas tener algo que llevarse a la boca?

En 2020, sesenta años más tarde, algunos de los miembros de The Shadows se reunieron para recordar la grabación del mítico APACHE en los estudios Abbey Road, y creo que merece la pena este resumen:

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OTRO QUE SE VA

Una de las noticias que más tertulias y columnas está protagonizando es la renuncia al Acta de Diputado del miembro del partido VOX, Iván Espinosa de los Monteros. A pesar de tratarse de una salida aparentemente cordial, argumentada en una rueda de prensa y basada en motivos “personales y familiares” no han faltado los medios y tertulianos que han aprovechado la ocasión para elogiar al protagonista a la misma vez que atizan a su partido (un partido –por cierto- que el protagonista no abandona y para el que sigue estando disponible, como el mismo Espinosa ha manifestado).

Pero esta misma semana también un buen amigo deja la que ha sido su empresa en los últimos años, con la normalidad que se hacen estas cosas en los últimos tiempos y a la que uno no acaba de acostumbrarse. Cuando una relación laboral se rompe es porque algo no va bien o no funciona como debería por alguna de las partes y yo sigo viéndolo como un fracaso en la propia relación: o bien la empresa no ha sabido cuidar de su personal y que se sintiera cómodo y lejos de la tentación de buscar alternativas, o bien el empleado tenía unas expectativas profesionales que estaban lejos de lo que la empresa le podía ofrecer.

En estos días de verano he tenido la oportunidad de coincidir y hablar de temas laborales con muchas personas y he de reconocer que nuestra sociedad tiene un problema muy serio que casi nadie quiere ver ni afrontar: por parte de los “empleadores” (empresarios o gerentes de negocios) he percibido el lamento común de que no encuentran gente que sea responsable y que quiera trabajar: camareros, pintores, personal de taller, soldadores… En algunos casos (más de cuatro), los responsables del negocio deben además lidiar con el absentismo laboral sin previo aviso: no sé si se trata de una epidemia de malestares, resacas y/o jaquecas o una nueva moda de esta sociedad que considera la falta al puesto de trabajo sin previo aviso como algo normal: imagínense al dueño de un restaurante sin un camarero para servir comidas con todo lleno en agosto, o al encargado de un taller sin un calderero justo la semana que tiene a otro de vacaciones y tiene que entregar un trabajo que había comprometido.

Pero las empresas tampoco salen indemnes y muchas de ellas, con las políticas laborales post-pandemia, se están encargando de encabronar al personal sin darse cuenta de que la gente ya no sólo trabaja por un sueldo (que es importante), sino por unas condiciones laborales que le faciliten –en la medida de lo posible- la conciliación y un ambiente de trabajo sano en el que se le escuche y se le motive. Si a este sentimiento le unimos un auge en la situación económica y en la contratación de nuevos proyectos industriales que traen como consecuencia nuevas vacantes y oportunidades laborales, tenemos una gran rotación laboral que nunca es buena para todas las partes a la vez.

Volviendo a Iván Espinosa de los Monteros, es un ejemplo de esa minoría de políticos cuya formación y talento les brindan mejores oportunidades laborales fuera del Congreso y que no necesitan tragar carros y carretas o calentar un asiento de diputado o senador como modus vivendi, y eso está empezando a pasar también en muchas empresas.

El drama de esta sociedad y de nuestras empresas comienza al no percibir la gravedad de que los buenos profesionales se vayan a otro sitio mientras los mediocres se quedan calentando la silla, y que no todos tenemos el talento y la brillantez necesarios para desempeñar cualquier trabajo. Cabría preguntarse si esto es –quizás- la continuación de un sistema educativo que, más allá de los contenidos, no sólo no premia el trabajo y la responsabilidad, sino que ampara sin castigo el escaqueo y la mediocridad a la vez que inocula pensamientos “Mr. Wonderful” del tipo “puedes ser todo lo que quieras”, “no te mereces menos” o “no he nacido para madrugar/trabajar/recibir instrucciones o comprometerme con una responsabilidad”.

Iván Espinosa de los Monteros, como mi amigo y como muchos otros profesionales tienen el brillo y el talento necesario que les permiten decidir por sí mismos y salir de los sitios cuando ellos estiman que es el momento adecuado para sus intereses: sólo hay que esperar la oportunidad y el momento.

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MALOS TIEMPOS PARA LOS PREHISTÓRICOS

Foto de Marcel Eberle en UNSPLASH

Desde hace unos años algunos de mis colegas suelen afirmar que “el mundo del EPC está muerto”. Para aquellos que no tengan ni idea de lo que es un proyecto EPC, se trata de un acrónimo que significa «Engineering, Procurement and Construction» (ingeniería, suministros y construcción), o lo que antes se denominaba “contrato llave en mano”: una modalidad de proyectos en la que por un precio fijo el contratista asume toda la responsabilidad ante el cliente.

Cabría preguntarse el motivo de la defunción del negocio “epecista” y buscar al responsable, pero como muchos de ustedes saben, a veces para encontrar soluciones precisas a los problemas complejos se requiere huir de los tópicos que –aunque, sin duda, influyentes- sirven de argumentario para los mediocres: fluctuaciones en el cambio de moneda, los contratistas orientales (primero coreanos y ahora chinos), la mano de obra barata de nuestros queridos hindúes, la entrada en la escena de los contratos de los tan denostados como necesarios abogados, etc…

En mi opinión todo esto empezó cuando el mundo cambió el criterio de contratación y pasamos de encargar este tipo de proyectos a las empresas mejor preparadas técnicamente para fiar la suerte del proyecto a los contratistas más baratos, engañándonos a nosotros mismos y pensando que no habrá problemas cuando lo que vale 10 alguien lo hará por 7 o por 5 de la misma manera y con la misma calidad. Paralelamente, muchas de las empresas epecistas no se quedaron ahí y también buscaron el beneficio en el proyecto escatimando el coste y la calidad en sus hombres, prescindiendo de los más expertos y eficaces y cambiándolos por otros más baratos, pero con menos experiencia y “expertise” (habilidad o conocimiento especial).

Pero el problema no sólo se queda ahí. Vivimos en una época en la que el poder de decisión ya casi nunca está en la obra, sino en el “Home Office” -con todo lo que ello conlleva- y así tenemos proyectos dirigidos a distancia, algo que escasamente funciona. Escatimamos unos dólares a los soldadores y personal de obra en sus condiciones de trabajo mientras que en las oficinas centrales armamos un ejército de burócratas de informe semanal y reunión diaria que raramente tienen capacidad para decidir algo: bien por falta de conocimiento o bien por ser miembros de organizaciones excesivamente pesadas y jerarquizadas. ¿No les llama la atención que, de unos años a esta parte, con equipos humanos altamente cualificados (másteres y preparación aparte), reuniones, gráficos, informes y tablas dinámicas, etc… la mayor parte de empresas de ingeniería estén teniendo problemas para defender muchos de sus proyectos? No conozco ningún proyecto que salga adelante sólo con reuniones, ni con informes o tablas dinámicas (por muchos datos que estas contengan), si todo esto no es efectivo y sirve para tomar decisiones: el tiempo es oro, las horas son dinero, una reunión de 6 personas de una hora son 6 horas consumidas en el proyecto, y de su responsable depende que sean gasto inútil o inversión.

Por si todo lo anterior fuera poco, en muchas empresas han confiado su suerte a tipos que no saben dónde están parados y se limitan a pedir datos, informes, documentos, correos… para no hacer nada o –lo que es peor- para ver de qué manera pueden justificar su puesto o maquillar su ineficacia.  

Miren a su alrededor, sean honestos y –los veteranos- echen la vista atrás, a los “prehistóricos” que sabían qué tecla tocar para que las cosas salieran adelante. De nada sirven los avances tecnológicos y los datos si (por unos u otros motivos) nos falta la capacidad para tomar decisiones acertadas.

Les dejo una escena de la película Spectre en la que el jefe de James Bond (M) argumenta ante su superior la necesidad de los hombres de campo que analizan sobre el terreno qué hacer o qué no hacer, en contraposición al programa de seguridad que se pretendía implantar para sustituir a los doble cero:

“Have you ever had to kill a man, Max? Have you? To pull that trigger, you have to be sure. Yes, you investigate, analyze, assist, target, and then, you have to look him in the eye and you make the call. And all the drones, bugs, cameras, transcripts, all the surveillance in the world can’t tell you what to do next. A license to kill is also a license NOT to kill.»

https://youtube.com/clip/UgkxIp-OS2WfTXiSIhHVgLotoVruhg5nBS8N

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