De la crítica deportiva al Nobel de Economía

El pasado día 8 de marzo cumplió 79 años el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Su dirección al frente de la entidad blanca debería estar fuera de dudas, puesto que no sólo es el presidente más laureado deportivamente, sino que, merced a una visión y estrategia de liderazgo, ha modernizado la gestión del club convirtiéndolo en una potencia financiera global según lo han reconocido entidades como Deloitte, Forbes, Brand Finance o la propia UEFA.   

Hace unos días, en una tertulia en formato “streaming” se debatía el momento que atraviesa el equipo de fútbol del Real Madrid: después de ganar Liga y Champions en 2024, el rendimiento del equipo ha bajado en los últimos meses y -sobre todo- la plantilla sufre desde hace años una preocupante plaga de lesiones. Después de arremeter contra los técnicos y la preparación física del equipo, algunos contertulios fueron más allá y criticaron duramente los servicios médicos del club, aunque no faltó quien también le echara la culpa al césped (tanto de la ciudad deportiva como del propio Santiago Bernabéu)… todo ello como antesala de los reproches que llegaron a la dirección deportiva y a la falta de fichajes de calidad.

Llegados a este punto, y después de pegarle un buen repaso a la gran cantidad de cosas que -a tenor de los críticos- el club había hecho rematadamente mal, uno de los opinadores fue más allá al sostener que todo se arreglaba con dinero: Florentino debía gastarse la pasta y fichar a golpe de talonario a los mejores médicos, a los mejores jardineros y a los mejores jugadores del mundo… a lo que otro participante -desde una moderada calma- le respondió que gracias a Dios el club estaba en buenas manos y eso que él estaba proponiendo no se haría en ningún caso. Profundizando en la argumentación de esta respuesta, aludió -sin mencionar su autoría- a la teoría del Milton Friedman (premio Nobel de Economía en 1976) sobre las cuatro categorías del gasto del dinero, explicándoselas detenidamente a todos los integrantes de la tertulia:

Hay cuatro formas de gastar el dinero:

  1. Categoría 1. Tu dinero en ti mismo: gastas tu propio dinero para comprar algo para ti, buscando obtener el máximo valor al menor coste posible. Es el modo más eficiente del gasto.
  2. Categoría 2. Tu dinero en otros: cuando gastas tu dinero en comprar un bien o un beneficio para un tercero (por ejemplo, un regalo). En este caso eres cuidadoso con el gasto, pero sin preocuparte tanto por el valor o la utilidad que el bien va a tener para la parte que lo disfrute.
  3. Categoría 3. El dinero de otros en ti: gastas un dinero que no es tuyo (por ejemplo, una cuenta de una empresa o una sociedad) en tu propio beneficio. En esta ocasión no te importa tanto el coste, pero sí te va a importar el valor y la calidad de lo que recibes (por ejemplo, una comida pagada por la empresa).
  4. Categoría 4. El dinero de otros gastado en otros: gastas dinero ajeno en beneficio de un tercero, sin incentivos para minimizar el coste ni para maximizar el beneficio. Es el modo más ineficiente del gasto. 

Este interviniente continuaba su discurso defendiendo que el Real Madrid estaba en buenas manos porque el gasto, cuando nos referimos a la gestión en un club de fútbol, encajaba con el cuarto modo (el dinero de otros gastado en otros), y la administración de Florentino Pérez al frente del club había sido cuidadosa con el patrimonio y austera económicamente. Cuando el resto de contertulios elevaron el tono para exigir más fichajes e inversión, el defensor de Florentino contratacó diciendo: “en este momento el Real Madrid tendría acceso a líneas de crédito ilimitadas en cualquier entidad, es un club solvente y no hay un problema de dinero; por otro lado, Florentino Pérez, con casi ochenta años y por una cuestión natural debe estar próximo a finalizar su periplo al frente del club, por lo que lo fácil para él sería fichar y gastar el dinero en médicos, jardineros o jugadores… endeudar a la entidad en 500 ó 600 millones de euros y que lo pagara su sucesor… pero por lo que se ve prefiere aguantar el chaparrón de críticas, campañas orquestadas en contra de su gestión y que la entidad siga estando saneada y solvente: no derrocha el dinero del club, no mira por su propio beneficio o interés, sino por los resultados de la empresa”. Dicho lo cual -continuó-, se puede criticar que el club pudo y debió haber hecho mejor las cosas en cuanto a servicios médicos, preparadores físicos, plantel técnico o plantilla de jugadores… pero la entidad tiene la enorme suerte de tener al frete a un gestor que mira por el patrimonio de la empresa por encima de sus intereses personales.

El interviniente no se quedó ahí y contrapuso esta manera de actuar con la de dirigentes de otros equipos españoles y europeos sumidos en deudas que les hacen ejecutar “palancas” de dudosa legalidad o en pozos deportivos de los que tardarán en salir, pero también comparó estas demandas y actitudes populistas con la gestión de algunos políticos, poniendo de manifiesto que es muy fácil pedir y -más fácil aún- gastar cuando el dinero no es de uno, aunque después el problema les quede a los que vengan detrás.

En el ámbito de la economía moderna pocos marcos teóricos son tan reveladores como la matriz de gasto de Milton Friedman, que desnuda la psicología del consumo para explicar por qué el gasto público tiende irremediablemente hacia la ineficiencia y el despilfarro. En la categoría de gasto nº4 que nuestro cabal contertulio explicaba (el dinero de otros gastado en otros) es donde operan las grandes corporaciones y -sobre todo- el Estado al gastar el dinero de los contribuyentes en beneficio de terceros; en este escenario el incentivo para ahorrar desaparece (el dinero no es del burócrata de turno) y el estímulo para buscar la excelencia se diluye (el administrador no sufre las consecuencias de un mal servicio), por lo que el resultado es un sistema donde se gasta más para obtener menos.

Aunque esta teoría del gasto fue presentada en 1980, su aplicación al Estado de Bienestar actual sigue revelando grietas estructurales, puesto que -por ejemplo- cuando el gobierno intenta gestionar áreas como la educación o la salud sustituye de facto la elección individual por una decisión burocrática: al separar al pagador del beneficiario, se crea la ilusión de que los servicios son «gratuitos», creando una invisibilidad del costo y disparando una demanda que ningún presupuesto puede sostener.

Haciendo un inciso, y trayendo esta teoría a otro escenario de máxima actualidad, este economista ya advirtió también que un sistema de bienestar generoso es incompatible con la inmigración descontrolada, puesto que la presión sobre el gasto de «categoría 4» terminaría por quebrar la sostenibilidad fiscal del país.

Milton Friedman también aportó posibles soluciones, que no pasaban necesariamente por eliminar el servicio, sino por cambiar el modo de gasto: por ejemplo, en su propuesta de cheques escolares buscaba transformar el gasto público (categoría 4) en gasto privado (categoría 1), puesto que al entregar el poder de compra directamente al ciudadano, éste volvería a preocupar por el valor y el costo, forzando a los proveedores a competir y mejorar.

El análisis y la crítica de Friedman no deben percibirse como un ataque o una amenaza a la ayuda social, sino una advertencia sobre la naturaleza humana: mientras el Estado siga gastando dinero que no le pertenece en personas que no conoce, la ineficiencia no será un error del sistema, sino su característica principal. La libertad económica, por tanto, no es solo un derecho, sino la única herramienta probada para garantizar que cada moneda genere el máximo bienestar posible.

A pesar de Friedman, en nuestra sociedad y en nuestras tertulias futboleras la culpa siempre será de Florentino por no gastarse la pasta

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VADA A BORDO, CAZZO!

Francesco Schettino es conocido por ser el capitán que llevó al naufragio al crucero italiano Costa Concordia el 13 de enero de 2012 en la isla de Giglio (Italia). Debido a ese accidente, en 2015 fue condenado a una pena de 16 años y un mes de prisión, después de que la investigación acreditara que en el momento de la colisión (21:45 horas del citado día) se encontraba en el puesto de mando con una acompañante, una bailarina moldava de nombre Domnica Cemortan con la que reconoció tener una relación extraconyugal. Nuestro promiscuo capitán realizó una arriesgada maniobra “de saludo” demasiado cerca de la costa, lo que provocó el choque del buque con las rocas y su vuelco parcial. Continuando con su imprudencia, el capitán tardó 50 minutos en declarar la emergencia y -al menos- otros 20 minutos en ordenar la evacuación del barco, algo que contribuyó a elevar la confusión entre los más de 3.200 pasajeros y 1.000 tripulantes, y agravó las consecuencias del accidente. Mientras la evacuación del barco estaba en curso y aún quedaban cientos de personas atrapadas, el pichabrava abandonaba la nave en un bote salvavidas, lo que le hizo ganarse el apelativo de “capitán cobarde”, además de una fuerte reprimenda del comandante de la Guardia Costera Gregorio De Falco, quien le ordenó repetidamente y con cierta dureza: “Vada a bordo, cazzo!” (¡vuelva a bordo, carajo!).

A pesar de las órdenes claras de De Falco, Schettino nunca regresó a la nave y a fecha de hoy sigue en la cárcel.

En otro orden de cosas, y aunque no se puede hablar de un récord oficial, hay registros que acreditan que el Padre José de Jesús Silva Berumen ya supera los 28.169 bautismos en el Hospital Español de la Ciudad de Méjico en sus más de 50 años de ministerio. El auge de los bautizos en los últimos tiempos queda acreditado con casos como -por ejemplo- el recogido por el libro Guiness en la Iglesia Ni Cristo (Filipinas), donde en septiembre de 2019 -y en un único acto- 18.272 personas fueron bautizadas… o como los 12.000 adultos bautizados en Francia sólo durante la Vigilia Pascual de 2024, cifra que creció hasta las 17.800 personas bautizadas en nuestro país vecino durante la Vigilia Pascual de 2025.

Seguramente en este punto el lector se preguntará qué tiene que ver el capitán Schettino con los bautizos… y esto tiene que ver con el caso que conocí hace años en el mundo laboral.

Un reducido número de trabajadores de una empresa -con los que compartí muy buenos momentos- acostumbraban a “bautizar” a sus compañeros y compañeras de trabajo, tarea que llevaban cabo de una manera espontánea pero con una sobresaliente destreza. Para los que no están familiarizados debo aclarar que, en el sector del metal -sobre todo en áreas cercanas al taller o a la obra- siempre hay algún travieso de mente ingeniosa presto a ejercer de bautizante y lo normal es que todos hayamos sido apodados con algún mote, si bien el decoro de este alias sólo dependerá de la voluntad de Dios para iluminar a nuestro padrino en el oportuno momento.

En aquella época, la empresa tenía bastante actividad, por lo que el trasiego de empleados era considerable y el número de bautizados crecía día a día, aunque desconozco si el ritmo era el de nuestro reverendo antes aludido, el Padre José de Jesús Silva Berumen. Entre las ilustres incorporaciones al equipo destacaba un italiano fichado en loor de alabanzas que no sólo iba a desempeñar un destacado papel dentro de los puestos directivos, sino que iba a implantar una nueva manera de trabajar en la veterana empresa que los iba a llevar a otra dimensión. Más que el tiempo, fueron los hechos y las decisiones que tomaba aquel señor (o las que no tomaba) quienes marcaban el rumbo de la empresa hacia un acantilado o hacia un arrecife similar al que hizo naufragar al Costa Concordia, mientras que el capitán, en vez de permanecer al mando, salía de la nave o saltaba de salvavidas en salvavidas… circunstancia que sirvió para que alguno le pusiera el mote de Schettino.

A la vez que las incorporaciones aumentaban en aquella empresa, lo hacía también el número de bautizados, acercándose a cotas inabarcables, circunstancia por la que mis queridos amigos tuvieron la brillante idea de ir registrándolos -según ellos, con la única finalidad de no perderse en aquel profano santoral- en una hoja de cálculo a la que llamaron “El Códice Schettino”, propósito que no sé muy bien si llevaron a término o se quedó en mera intención, pero que llamó mi atención por cómo, en medio de la zozobra, una ingeniosa idea podía mantener animada a la tropa.

Como ven, a veces las empresas se dejan en manos de capitanes más ocupados en bailarinas moldavas o en sus propias aficiones que en su desempeño profesional, algo que -sin duda- causa confusión entre la tripulación y puede hacer zozobrar la nave. Sin embargo, también hemos visto como la fe sigue en aumento en todo el mundo con nuevos bautizos en los últimos años, nuevos nombres que mantienen el ánimo, la alegría y la esperanza incluso entre los más descreídos. 

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SI NO FUERA POR LA MÚSICA…

Tchaikovsky-research.net

En mi época de estudiante adolescente llevaba la carpeta forrada con fotos de coches, mis queridos Dire Straits, letras de canciones y citas curiosas. Una de esas citas rezaba “en verdad, si no fuera por la música habría más motivos para volverse loco”, una expresión atribuida a Tchaikovsky, aunque yo no conocía la situación ni el momento que le llevó a tal reflexión. Años más tarde he podido enterarme de que esa cita es una de sus múltiples reflexiones plasmadas en las numerosas cartas que intercambió con su mecenas Nadezhda von Meck.  

La vida de Piotr Ilich Tchaikovsky fue una lucha constante contra sí mismo, un tormento interior que intentó canalizar hacia el trabajo y la genialidad creativa. Nacido en 1840 en el seno de una familia acomodada, fue un joven extremadamente sensible, con un conflicto interno provocado por su homosexualidad y propenso a episodios de crisis nerviosas, depresión profunda e inseguridad que le hacían dudar de sí mismo y buscar refugio en un trabajo técnico riguroso como músico y compositor (solía decir que “la inspiración es un invitado que no visita voluntariamente a los perezosos”). En 1877, y en un intento desesperado de normalizar su vida o buscar cierta estabilidad, contrajo matrimonio con su admiradora y alumna Antonina Miliukova… aunque esa unión fue un auténtico desastre, estalló por los aires y desencadenó otra severa crisis nerviosa en nuestro músico.

Por su parte, Nadezhda von Meck había nacido en 1831 en el seno de una noble familia rusa y se había casado con Karl von Meck, un empresario de éxito en el floreciente negocio del ferrocarril. Después de dieciocho hijos (de los que sobrevivieron once), Nadezhda von Meck enviuda en 1876 y se queda al frente de una enorme fortuna, negocios boyantes y al cuidado de sus once hijos, si bien su carácter fuerte e independiente le hace delegar sus obligaciones empresariales y maternales en servicios profesionales para dedicarse a su verdadera pasión: la música. Huyendo de relaciones sociales (y mucho más de eventuales pretendientes) se embarca en la tarea del mecenazgo de jóvenes y prometedores músicos.

Hemos llegado al año 1877 y tenemos a un Tchaikovsky recién separado de su efímera esposa pasando por una severa crisis que lo paraliza y coloca en una situación de extrema fragilidad, y una Nadezhda von Meck que, tras fijarse en la música de cámara y en algunas obras para piano de Tchaikovsky, encuentra en él no sólo a un artista emocional y lírico, sino a un genio indefenso y frágil necesitado de protección, algo que incita a nuestra mecenas para iniciar un acercamiento al músico a través de cartas, de una manera delicada para que él no se sintiera menospreciado o dañado aún más en su integridad moral: ella le muestra su admiración y le ofrece un pacto consistente en generosas ayudas económicas a cambio de que él se entregue a la composición y cumpla sólo con el requisito de que en ningún momento tendrán contacto físico… nunca deberían conocerse personalmente. Ambos habían dejado atrás sendos matrimonios y en ese momento los intereses de ninguno de los dos pasaban por nueva vida social y mucho menos amorosa, sino por centrarse en otras pasiones y por una relación idealizada que les permitiera emociones directas. El intercambio epistolar empezó en 1877 y duró hasta 1890, periodo en el que se intercambiaron más de 1200 cartas en las que pueden encontrarse confesiones personales (el autor le hablaba de su ansiedad, de sus inseguridades, de su miedo constante al fracaso, de su melancolía…), reflexiones musicales (el autor le explica detalladamente el significado emocional de sus obras) o la soledad compartida (ella le reconocía que, pese a su riqueza, vivía asilada y retirada socialmente mientras que él se sentía incomprendido por más que su fama fuera en aumento): ambos se admiraban y se profesaban afecto, pero de una manera más espiritual que romántica. Si bien Tchaikovsky se empleaba con una franqueza casi compulsiva (en una sociedad rusa marcada por el conservadurismo moral, la escritura le permitía sincerarse sin correr un riesgo inmediato), la señora von Meck respondía con afecto, pero de una manera más prudente y con una mayor contención emocional: para ella la distancia –en todos los sentidos- era esencial, lo que le obligaba a mantener la relación dentro de unos límites.

En esta relación ella le ofrecía estabilidad económica al músico, pero también un sostén psicológico que le proporcionó el equilibrio necesario para corresponder con su genialidad artística y apertura emocional; no cabe hablar de romance, sino de una alianza espiritual entre dos almas solitarias y afines que encontraron en esta distancia un espacio seguro para la sinceridad: el arte puede convertirse en puente entre vidas que nunca se encontraron frente a frente y crear una dependencia en la que él encontraba terapia a su desesperación a la vez que ella encontró una mente brillante a quién admirar, una sensibilidad digna de su mecenazgo y un vínculo intenso pero controlado.

Gracias a esta historia y a las cartas escritas por mecenas y autor hoy sabemos que Tchaikovsky no sólo le dedicó algunas de sus obras a Nadezhda von Meck (empezando por la Sinfonía nº4 con la que quería representar “el destino”, una fuerza que aplasta la voluntad humana), sino que le explicaba cómo concebía cada obra, qué sentimientos la motivaban, qué dudas le iban asaltando durante el proceso creativo… mientras que ella preguntaba, opinaba y discutía sobre los argumentos del autor.

En 1890, Nadezhda von Meck anunció el final de su apoyo financiero y relación, algo que para Tchaikovsky fue un duro y devastador golpe a nivel emocional. No volvieron a tener contacto. El músico falleció en 1893 y su mecenas en 1894.

Por cierto, la cita con la que abría el artículo se encuentra en una de las cartas escritas por el autor entre el 23 de noviembre y el 5 de diciembre de 1877 (carta 659), en uno de sus momentos más depresivos:

“…Truly one should go mad were it not for music. Music is indeed the most beautiful of all Heaven’s gifts to humanity wandering in the darkness. Alone it calms, enlightens, and stills our souls. It is not just a straw in the wind, but a genuine friend, protector and comforter, and it alone makes life worth living.”

En esa misma carta reconoce que ni la filosofía ni la religión (a pesar de reconocerse creyente) han logrado calmar sus inquietudes ni dar respuesta a sus contradicciones, por lo que sólo en la música encuentra consuelo a su desesperación y hace que la vida merezca la pena: la composición musical fue para Tchaikovsky su único mecanismo de defensa contra el «autodesprecio» y el miedo constante; para él, la música no era un adorno, sino una necesidad biológica para procesar emociones que no podía expresar de otra forma.

Si ustedes tienen interés en el asunto, les recomiendo la página: Tchaikovsky Research

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