BATRACIOS Y ALACRANES

Foto: Centro Virtual Cervantes

Hace unos días leía un artículo que hacía referencia a la fábula de la rana y el escorpión, cuya autoría se atribuye por parte de algunos críticos al griego Esopo. Supongo que todos la conocen, pero conviene recordarla con esta versión del Centro Virtual Cervantes:

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:

—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…

—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.

—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?

Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:

—Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.

Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:

—Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.

El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.

Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:

—No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.

Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:

—Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.

Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

Son muchas las situaciones profesionales a las que me recuerda esta fábula en concreto. A pesar del conocido final, les aseguro que me vienen a la mente una larga colección de “ranas” de buena voluntad con las que me he cruzado en varias empresas. Siendo consciente de que situaciones adversas pueden provocar extrañas alianzas, el que les habla considera que las personas deberíamos ser menos incautas a medida que nos hacemos veteranos, y por eso resulta inverosímil la reacción de muchos cuando llega el desenlace final de la aventura o incluso cuando –desde el aprecio- intentas abrirles los ojos. Desde mi punto de vista, suelen darse 3 tipos de circunstancias:

  • Hay personas buenas por naturaleza y que no conciben que su compañero de viaje ocasional pueda hacerles ningún mal. A veces los escorpiones se aprovechan sin escrúpulos de la buena voluntad y generosidad de quien los sostiene para obtener información que usarán en beneficio propio, olvidando o perjudicando -llegado el caso- a quien le proporcionó el conocimiento del que ha sacado algún rédito.
  • En segundo lugar, nos encontramos con quienes -aun siendo conscientes de la peligrosidad de su socio- subestiman su naturaleza, creen tenerlo controlado y confían en que esta vez no se atreverá a hacerles daño porque algo le ha cambiado. Como nos demuestra la moraleja de la fábula, el instinto natural es implacable y la reacción esperada al final no debe pillar a nadie por sorpresa.
  • Por último, hay personas que por algún interés de difícil explicación se empeñan en cargar sobre sus espaldas con el “escorpión” de turno porque consideran que su concurso es imprescindible, aunque saben de su peligrosidad y naturaleza.

En todos los casos yo les exhortaría a que se hiciesen la siguiente pregunta: ¿Qué aporta un escorpión sobre tus espaldas? Tristemente he comprobado que a la mayor parte de los humanos nos cuesta ver la realidad, hacer caso a las advertencias, a la trayectoria que traen consigo algunos perfiles, incluso al sentido común… y tenemos que sufrir la picadura y las consecuencias para darnos cuenta de quién es realmente nuestro compañero de viaje. Además, hay otra consecuencia que suele pasar desapercibida, y en mi opinión es la más trascendente: el mensaje que se lanza a la organización. La motivación en la tropa está íntimamente relacionada con los comportamientos ejemplares, empezando por quienes ostentan puestos de responsabilidad.

De ninguna manera puede permitirse que alguien de dudosa aportación saque beneficio o provecho a costa de la buena voluntad o candidez de otro. En mi opinión, los resultados obtenidos de este tipo de comportamientos no son beneficiosos para la empresa, sino única y exclusivamente para quienes los practican, y siempre de una manera limitada en el tiempo (por no decir cortoplacista). 

En las escuelas de negocios se enseña que los pilares de una organización son la Misión (qué hacemos, a qué nos dedicamos), la Visión (a dónde vamos, qué queremos lograr) y los Valores (en qué creemos, cuáles son los principios que guían nuestras respuestas). Hace poco tuve la oportunidad de escuchárselo a Borja Adanero en ThePowerMBA, pero antes se lo había visto defender con vehemencia a Jack Welch en varias de sus intervenciones: uno de los pilares más importantes del liderazgo y de las empresas son los valores, y es incomprensible que más veces de las deseables éste sea uno de los aspectos menos valorados a la hora de la verdad entre los responsables de las organizaciones.

Como dice el desaparecido Jack, todo es muy sencillo: traigan a un primer plano los valores, intenten hacer la vida mejor a sus compañeros, a sus subordinados.

Por último, me gustaría recordarles que el origen de las fábulas en la antigüedad tiene un fundamento didáctico, los griegos las utilizaban para hacer reflexionar sobre una situación desde un punto de vista ético, y todas tenían en común 3 elementos que podrían resumirse de la siguiente manera:

  1. Hay un conflicto (protagonizado por animales).
  2. Los animales deciden su actuación libremente.
  3. Las decisiones tomadas tienen un resultado o consecuencia (éxito o fracaso).

El tiempo y los años pueden cambiar muchas cosas en las sociedades, pero los conceptos fundamentales se mantienen, sobre todo en lo que respecta a la ética y al comportamiento humano, así que no deberíamos subestimar la sabiduría que transmiten los antiguos y sí fomentar comportamientos éticos y responsables en nuestras empresas: todas nuestras decisiones tendrán una consecuencia. 

NOTA: Publicado en LinkedIn el 7 de junio de 2020

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