¿Y si el futuro energético pasa por el Amoniaco?

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IBERDROLA acaba de anunciar un acuerdo marco con la empresa Trammo para desarrollar y explotar un nuevo proyecto de amoniaco verde en el sur de Europa: la empresa española cuenta con la inestimable ayuda de los Fondos Europeos para acometer una inversión de unos 750 millones € en una planta de amoniaco verde (ligada a la construcción de 500MW de energías renovables) que se estima que produzca 100.000 toneladas anuales de este producto a partir de 2026; ese amoniaco producido será adquirido y gestionado por Trammo para “descarbonizar” (vocablo muy de moda aunque no figure en el diccionario de la R.A.E.) otras industrias pesadas europeas situadas fundamentalmente en Países Bajos, Alemania o Francia. El proyecto se engloba en el previsto “corredor europeo de hidrógeno verde”, un plan en el que el sur de Europa, al contar con un gran potencial de energía renovable competitiva, está llamado a contribuir a la descarbonización de la industria pesada de otros socios europeos.

El amoniaco lleva presente en nuestras vidas desde la época romana, pero no fue hasta el Siglo XVIII cuando se consiguió aislar y determinar su composición (NH3). Ya en el Siglo XX se desarrolla un proceso de síntesis que permite su uso como explosivo en la Primera Guerra Mundial, y a partir de 1930 se industrializa el proceso que convertirá al amoniaco en el principal actor en la fabricación de fertilizantes, lo que permitirá potenciar las cosechas y contribuir al desarrollo de la sociedad en todo el mundo. Hoy en día la fabricación de amoniaco ocupa el segundo lugar a nivel mundial entre los productos sintéticos, siendo el 70% de su producción destinada a los fertilizantes, y el 30% restante fundamentalmente a la industria química en el desarrollo de productos de desinfección y limpieza, explosivos y ácidos, fibras del sector textil, alimentación, productos cosméticos y farmacéuticos, plásticos, desarrollo de catalizadores para contrarrestar las emisiones de óxidos contaminantes, etc… La producción mundial de amoniaco ha pasado de 109 millones de toneladas en 2003 a 232 millones de toneladas en 2022, disparándose su consumo en Oriente Medio, África y Rusia a la vez que se estancaba en la Unión Europea, EE.UU. y Sudamérica.

En Europa el amoniaco verde lo hemos enfocado fundamentalmente a la “descarbonización” de instalaciones industriales existentes, si bien está previsto un enorme crecimiento del mercado de este producto en nuevos usos, como lo serán su papel como combustible marítimo o como medio de transporte y almacenamiento a gran escala del ansiado hidrógeno verde: buena prueba de que este plan no es una opción descabellada es el hecho de que doce de los quince mayores proyectos a gran escala de producción de hidrógeno verde a nivel mundial apuestan por el amoniaco como portador de hidrógeno.

Más allá de esto, parece que nuestros dirigentes europeos no prestan mucha atención a las recomendaciones de la ETN Global (European Turbine Network), quienes ya en 2018 mostraron interés por el amoniaco como combustible e instaban a poner en marcha “proyectos de I+D, estudios de viabilidad, directrices de mejores prácticas, desarrollo de normas y documentos informativos técnicos”.

En el resto del mundo son más ambiciosos que nosotros aquí en Europa y no sólo contemplan el amoniaco como un agente esencial para transportar y almacenar al “chico de moda” de la transición energética (nuestro querido Hidrógeno) o como futuro combustible para el sector marítimo, sino que lo ven también como parte de la solución a la reducción de emisiones y gases de efecto invernadero como denotan los interesantes planes, proyectos e ideas que empiezan a ver la luz con un potencial dignos de atención y estudio.

Por ejemplo, en Estados Unidos hay empresas como AMOGY, que está involucrada en el desarrollo de motores para barcos, camiones y tractores que funcionen directamente con amoniaco como combustible:

Pero más interesante aún resulta el caso de Japón, donde han encontrado en el amoniaco el aliado esencial no sólo como vector en la energía del hidrógeno, sino como actor fundamental en la generación de energía térmica para poder cumplir con el objetivo suscrito en 2013 de reducir sus emisiones un 46% para el año 2030.

Japón es un país geográficamente aislado y con una generación de energía renovable bastante limitada: el 70% del consumo energético en aquel país proviene de su eficiente energía térmica. Las autoridades japonesas creen que, aun llegando a contar con un 50% o 60% de energía renovable en el futuro, la generación térmica seguirá siendo necesaria para dar estabilidad al sistema, y por eso hay un consorcio  (https://greenammonia.org/en/) que investiga el uso del amoniaco neutro en carbono como un combustible que posibilite la reducción de emisiones de CO2 a medio y largo plazo; un plan que proyecta en Japón unas cifras de importación de 3 millones de toneladas de amoniaco en 2030 y 30 millones de toneladas en 2050 sólo como combustible para generar energía. 

Todas estas investigaciones se llevan a cabo por empresas privadas, pero con el apoyo incondicional y decidido del gobierno nipón que encuentra así solución a su problema energético doméstico mientras que entabla lazos comerciales y acuerdos con terceros países para la exportación de tecnología y la importación de amoniaco verde o azul: https://www.ammoniaenergy.org/articles/meti-forms-ammonia-energy-council/

El amoniaco como portador de energía

Como indicábamos anteriormente, el amoniaco nos es familiar en la tradicional industria de los fertilizantes o como agente esencial en la industria química, de ahí que una de sus ventajas fundamentales con respecto a otros vectores energéticos sea la madurez tecnológica para la manipulación, el transporte y el almacenamiento.

En la siguiente tabla hay una comparación las características físicas del amoniaco comparadas con las del hidrógeno y las del metano:

Fijándonos sólo en la comparación entre el amoniaco y el hidrógeno, y debido a la baja densidad de este último, nos encontramos con que el amoniaco líquido contiene 1,7 veces más átomos de hidrógeno por volumen que el propio hidrógeno líquido, teniendo –además- 1,5 veces más poder calorífico. Por si eso fuera poco, el punto de ebullición del hidrógeno es -253°C por lo que se requiere mucha energía para la licuefacción y su almacenamiento no es sencillo, mientras que los -33,4°C de temperatura de licuefacción del amoniaco lo hacen mucho más fácil de manejar.

La fórmula general de la combustión del amoniaco es 4NH3 + 3O2 → 2N2 + 6H2O, así que no deja huella de carbono, si bien uno de los desafíos en la combustión del amoniaco es el control de sus emisiones: los átomos de nitrógeno hacen que se generen fácilmente NOX si la mezcla de combustible es pobre y N2O + amoniaco no quemado en el caso de una combustión rica en combustible.

La estrategia de Japón pasa por producir amoniaco verde o azul allende los mares, en áreas geográficas ricas en recursos y energías renovables y que pueda ser transportado después por barco, almacenado en terminales y usado como combustible de centrales térmicas y hornos industriales japoneses. A corto plazo ya hay infraestructura para poder hacerlo, y a medida que la demanda aumente podrán implementarse infraestructuras más modernas, eficientes y sostenibles. Recordemos que cuando hablamos de amoniaco azul nos referimos a aquel que parte de recursos fósiles (gas natural) como materia prima y en cuyo proceso de obtención habrá indefectiblemente una captura del CO2 emitido durante los procesos productivos. Por su parte el amoniaco verde es aquel en cuya producción se utilizan energías renovables e hidrógeno verde.

Ejemplo de esta estrategia es un proyecto en el que nuestros amigos de IHI Corporation están trabajando actualmente: un estudio de factibilidad (diseño y tecnología de proceso según las materias primas y los recursos disponibles) en Tasmania (Australia) para una planta de producción de amoníaco verde que utilizará energía renovable (250 MW de energía hidroeléctrica) para producir 200.000 toneladas al año. 

En Japón son conscientes del reto tecnológico al que se enfrentan, y por eso se centran en una solución a corto plazo (que pasa por el amoníaco azul) para establecer la cadena de valor de la energía lo más rápidamente posible, dejando para el futuro -cuando las condiciones lo permitan- el ansiado amoniaco verde. El coste de la producción de amoníaco verde depende principalmente de la electricidad y el electrolizador, y las primeras estimaciones calculan que el coste de la electricidad debe ser de 30$/MWh (o incluso menos) para que el amoníaco verde tenga el mismo precio que el azul. En este escenario, el país nipón está en conversaciones con Australia, Medio Oriente y América del Sur y del Norte debido a las buenas perspectivas de una transición suave de amoniaco azul a verde en esos territorios gracias a sus abundantes recursos de gas natural y a su inversión en energías renovables.

El amoniaco como generador de energía a gran escala

Nuestros protagonistas japoneses, conscientes de que cumplir con los compromisos medioambientales no puede suponer una merma en su bienestar ni en su producción energética, y de la mano nuevamente de IHI Corporation, llevan desde 2013 desarrollando tecnología para la combustión de amoniaco en calderas y turbinas de gas con resultados tan sorprendentes como prometedores.

Las turbinas de gas alimentadas con amoniaco ofrecen un excelente rendimiento, constatado desde los primeros estudios que empezaron con una co-combustión al 20% de amoniaco y gas natural en turbinas de 2 MW, y ya están llegando a quemar una mezcla al 70% de relación amoniaco/gas natural cumpliendo con la normativa medioambiental en cuestión de emisiones. Una de las fortalezas de este desarrollo está en la facilidad de manejo del amoniaco en condiciones presurizadas como es una turbina de gas, si bien uno de los hándicaps está en la dificultad del amoniaco para combustionar.

Pero el desarrollo no se queda ahí y en la actualidad IHI ha unido sus esfuerzos al gigante estadounidense General Electric para desarrollar turbinas que funcionen exclusivamente con amoniaco (proceso llamado mono-combustión): se habla de una turbina de 400 MW que no emitiría CO2 al quemar sólo NH3 y que –a la vez- eliminaría los NOX resultantes del proceso. Aunque es un proceso costoso, tanto IHI como GE Power ven en ese desarrollo una oportunidad en el mercado asiático (Japón, Singapur, Corea del Sur…) que podría exportarse a todo el mundo, puesto que –según aseguran- sólo con cambiar los módulos de combustión de las turbinas de gas natural de tipo 6F.03, 7F y 9F, las centrales que equipan ese tipo de turbinas podrían pasar a quemar amoniaco y reducir así la huella de carbono.

En el caso de las centrales térmicas, para calderas a gran escala alimentadas tradicionalmente con carbón para la generación de energía, se están desarrollando tecnologías de combustión conjunta de carbón pulverizado y un 20% de amoniaco (con emisiones de NOX inferiores a las emitidas por una mono-combustión exclusivamente de carbón) con la previsión de implementarlas en 2024 en una planta de 1000MW. Los estudios sostienen que la única parte que habrá que modificar en la planta será el quemador de combustión, manteniéndose el equipo de suministro de combustible, el equipo de tratamiento de gases de escape y las partes de presión de la caldera. 

Si desean información más detallada les invito a repasar este fenomenal artículo, al que le debo parte de los datos les he compartido:

https://www.ihi.co.jp/en/technology/review_library/review_en/2022/contents/1197934_3504.html

No cabe duda de que nuestro futuro pasa por la reducción de emisiones y por una energía más limpia y sostenible, pero deberíamos reflexionar y preguntarnos si la hoja de ruta para alcanzar ese objetivo es la más acertada. Como Japón, nosotros en Europa (y particularmente en España) también teníamos centrales térmicas de carbón que nos hemos apresurado a cerrar (cuando no a demoler), modernas centrales de ciclo combinado ahora estigmatizadas y apartadas del escenario de la transición energética… y empresas de ingeniería y escuelas politécnicas con brillantes profesionales e investigadores capaces de encontrar soluciones como sus colegas norteamericanos y japoneses si contaran con el apoyo y los recursos necesarios.

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3 lecciones en un día: 11 de junio de 1988

El sábado 11 de junio de 1988 (hace la friolera de 35 años), el que suscribe estaba contando las horas para terminar el curso de 2º de B.U.P. y empezar un verano distinto por causas que no vienen ahora al caso. La oferta televisiva de aquel sábado se presentaba saturada de interesantes eventos de los que, de una u otra manera, podríamos sacar aprendizajes aplicables a nuestras vidas y nuestras empresas.

En primer lugar, la selección nacional de fútbol iniciaba su participación en la fase final de la Eurocopa 1988 -celebrada en la República Federal de Alemania- a las 15:30 horas de aquel sábado, enfrentándose a la selección nacional de Dinamarca. Aquella fase final constaba de dos grupos de 4 equipos cada uno, y la suerte había determinado que en uno de ellos España se viera las caras con Dinamarca, Italia y la anfitriona República Federal de Alemania; no había mucho margen para el error, puesto que los dos mejores equipos de cada grupo pasarían ya a las semifinales del torneo. Nuestra selección, dirigida por Miguel Muñoz, llegaba con el buen sabor de boca dejado en el Mundial de Méjico 1986 y con un grupo protagonizado sin duda por jugadores del Real Madrid entre los que se encontraba la Quinta del Buitre. La profusión de jugadores merengues se justificaba por el juego creativo que habían desplegado ese año, que les había permitido dominar de una manera incontestable una vez más la competición nacional (el Real Madrid llevaba 3 Ligas ganadas de manera consecutiva, siendo ese año -además- el equipo máximo goleador y menos goleado), y participar de una manera notable en la Copa de Europa después de enfrentarse a doble partido y eliminar a Nápoles, Oporto y Bayern de Munich… para caer en semifinales ante el PSV-Eindhoven con sendos empates por el valor doble de los goles en campo contrario.

Pero para esa Eurocopa, y como se barruntaba después de los partidos amistosos de preparación, el míster Miguel Muñoz decidió hacer algunos cambios en el planteamiento táctico del equipo, optando inexplicablemente por un juego más conservador -a pesar del fútbol alegre, y ofensivo practicado en los últimos años- como admitiría en una rueda de prensa antes del torneo: “Ni España ni nadie va a jugar al ataque, porque todos nos jugamos la vida. Solo hay tres partidos para poder clasificarnos y todo el mundo va a salir a amarrar. A la gente le importa un bledo el juego, porque lo único que desea es ver a su selección en semifinales». Muñoz no sólo renunció al juego por el que había apostado hasta ese momento, sino que eligió a un grupo de jugadores extraordinarios y acostumbrados a jugar de una manera ofensiva para jugar a la defensiva y al contraataque. 

Con estos antecedentes no hubo lugar para la sorpresa y la selección española, desplegando un fútbol lento, triste y discreto, cosechó sendas derrotas ante los equipos de Italia y Alemania y cayó eliminada en la fase de grupos. La decepción volvía a la afición española y el espectáculo ofrecido sacaba a Miguel Muñoz del banquillo nacional.

En segundo lugar -y sin dejar el deporte- ese mismo sábado 11 de junio de 1988 se daba la salida a una nueva edición de las 24 Horas de Le Mans. Gérard Welter y Michel Meunier llevaban años combinando el trabajo como ingenieros de diseño de vehículos turismos de la marca Peugeot con su afición para desarrollar en su tiempo libre prototipos que -con la ayuda de un equipo de voluntarios- pudieran competir y hacer frente al desafío de la carrera de resistencia por excelencia: Le Mans. Si bien cosecharon algunos resultados dignos de mención en la categoría GTP a finales de los años 70, el cambio de reglamento con la llegada de la categoría C a principios de los ochenta les puso las cosas francamente complicadas para desarrollar como equipo privado un vehículo fiable y competitivo, hasta que en 1986 decidieron cambiar de objetivo y centrarse en un bólido que, aunque no lograra terminar la competición, fuera capaz de llegar a los 400 km/h en carrera. Para ese objetivo su propia empresa -Peugeot- les apoyó dejándoles usar el túnel del viento los fines de semana (cuando la empresa no lo tenía en uso) para afinar la aerodinámica del coche y mejorar el efecto suelo; también les ayudó a optimizar un motor V6 2.8L Turbo de origen PRV (Peugeot-Renault-Volvo) que llegaba a rendir 910CV (nada mal para un coche que pesaba 900Kgs), pero sin grandes garantías de fiabilidad. El equipo WM (Welter – Meunier) llegó a la edición de 1988 con un coche lento en curva, pero diseñado para ser muy rápido en recta y batir el récord de velocidad del circuito, objetivo del equipo aquel año.

A las pocas vueltas de iniciarse la carrera llegaron los primeros problemas mecánicos que acabaron con el coche en boxes: con la previsión de más averías durante la carrera, y después de horas de reparaciones, los mecánicos decidieron aumentar la potencia del turbo y devolver el coche a pista conducido por Roger Dorchy con instrucciones para centrarse y pisar el acelerador a fondo en la recta de  Les Hunaudières (también conocida como recta de Mulsanne); durante varias vueltas el coche superó los 400 km/h, llegando a registrar oficialmente una velocidad máxima de 407 km/h que aún hoy perdura para orgullo y satisfacción del equipo y de la marca Peugeot. El WM P88 (así se llamaba ese coche) sólo aguantó 59 vueltas ese año 1988 en Le Mans, pero su veloz y fugaz paso por la competición generó tal asombro y expectación entre los organizadores y la propia federación que se decidió introducir chicanes en esa recta con la finalidad de limitar las extremas velocidades que esos vehículos podrían llegar a conseguir. Ese año el ganador de la carrera fue un Jaguar XJR-9LM en dura pugna con un Porsche 962C, pero quien se llevó la expectación y la admiración fue el modesto WM P88 superando los 400Km/h y batiendo el récord de velocidad que aún hoy perdura, y que difícilmente será superado en el futuro con las nuevas chicanes añadidas al circuito.

Desconozco si tuvo alguna relación con esta aventura (aunque es muy posible que así fuera), pero en noviembre de ese mismo año 1988 Peugeot anunció su decisión de apostar por la competición de resistencia y el desarrollo de prototipos del grupo C para competir en el Campeonato del Mundo de Resistencia y en las míticas 24 Horas de Le Mans, carrera que llegaría a ganar en 1992 y 1993 con su prototipo Peugeot 905.

Por último, la cita grande de ese 11 de junio de 1988 a nivel mundial estaba en el estadio de Wembley (Londres), donde se celebraba un concierto homenaje por el 70 aniversario de Nelson Mandela. El concierto se ideó como una manifestación anti-apartheid varios meses antes, pero los organizadores tenían claro que un evento demasiado politizado suscitaría los recelos de muchos participantes y –lo que es peor- el rechazo de algunos medios de difusión; por otro lado, un concierto demasiado aséptico (políticamente hablando) tampoco obtendría el apoyo de las organizaciones anti-apartheid que lo habían promovido desde su origen. Después de muchos meses encontraron la oportunidad en el cumpleaños de Nelson Mandela, que llevaba encarcelado desde 1964 y condenado a cadena perpetua, y ese fue el punto de partida: felicitar el aniversario a Nelson Mandela y dar visibilidad a su encierro carcelario serviría como excusa para agitar las conciencias en contra del apartheid.

Una vez reservado el estadio de Wembley para tal evento, había que convencer a los participantes, siendo los primeros en aceptar los Simple Minds con la condición de que otros artistas de un caché igual o superior también participaran. Tony Hollingsworth, productor y organizador del concierto, se puso en contacto con el manager de Dire Straits (a pesar de que éstos estaban prácticamente disueltos y descansando después de la intensa gira y del éxito del “Brothers In Arms”), quien también le puso la misma condición que Simple Minds. Hollingsworth no se desanimó y fue “fichando” uno por uno a otros artistas de forma provisional, condicionados a la participación de otros artistas y a la celebración del concierto, con el convencimiento de que al final, si estaban todos, el concierto sería un éxito… necesitaba las fichas por separado para luego poder encajarlas y conseguir el puzzle: George Michael, Whitney Houston, UB40, Bee Gees, Eurythmics… a medida que el cartel de figuras iba creciendo el interés también aumentaba y ya eran incluso los artistas los que no querían quedarse fuera y pedían participar: Harry Belafonte, Sting, Stevie Wonder, Tracy Chapman

Con la creciente lista de artistas participantes, el evento también ganó interés para los medios de comunicación empezando por la BBC que –aunque empezó tímidamente ofreciendo a regañadientes una cobertura de 5 horas- terminó interesándose por la emisión íntegra de las 11 horas que duró el concierto completo, a pesar del rechazo y las presiones de algunos políticos. Una vez firmada la BBC, muchas otras emisoras de TV y radio de todo el mundo no tardaron en adquirir también los derechos del concierto y así se retransmitió a 67 países con una audiencia estimada de más de 600 millones de personas.

Personalmente disfruté de ese concierto porque los rumores de separación de «mis» Dire Straits eran persistentes, y pude disfrutar a través de la TV de una nueva actuación (no sabía si sería la última) de Mark Knopfler con su flamante guitarra Pensa-Suhr MK-I y los suyos, reforzados para la ocasión por el gran Eric Clapton.

Como ese 11 de junio de 1988, cada día ofrece muchas aventuras, muchas historias que invitan a reflexionar, a sacar conclusiones y comprobar que a veces somos víctimas de nuestras propias decisiones inexplicables:

Miguel Muñoz, a pesar de haber defendido un estilo y unos fundamentos que habían dejado muy buenas impresiones en el Mundial de Méjico 1986, decide renunciar a ellos y jugar de otra manera: no sabemos si creía en ese cambio o no, pero al seguir contando con jugadores del mismo perfil era muy difícil que su apuesta saliera adelante. El paralelismo es evidente si nos fijamos en muchas empresas cuando apuestan por un cambio de rumbo para mejorar resultados, explorar nuevas oportunidades o afrontar nuevos retos: manteniendo a los mismos actores al frente de las decisiones y de los trabajos es muy difícil que llegue el éxito.

En otras ocasiones son las dificultades quienes dirigen nuestra aventura a otros caminos o quienes hacen que nos fijemos objetivos distintos:

Gérard Welter y Michel Meunier, nos demuestran que la pasión puede complementar el trabajo, y que quizás lo más acertado y oportuno sea cambiar de objetivos cuando las circunstancias se alinean en nuestra contra. Por otro lado, Peugeot demostró -como empresa y como marca- saber detectar el trabajo y el talento de sus empleados, apoyándolos con un muy pequeño coste que le revertió una inesperada publicidad y una nueva vía de desarrollo estratégico que tal vez no había contemplado.  

Por último, hay proyectos que exigen de nosotros no sólo el trabajo, sino la sagacidad, la astucia y la perseverancia para conseguir nuestro objetivo:

Tony Hollingsworth tuvo la habilidad para anticiparse al riesgo que suponía plantear un evento cuya incomodidad para algunos quizás hubiera supuesto una barrera insuperable, consiguió sobreponerse a las adversidades y demostró tener dotes negociadoras, paciencia e ideas brillantes para sacar adelante su plan. Sin su coraje y osadía no habría conseguido el consenso necesario para la organización, la participación de muchas estrellas de aquel momento y –en definitiva- la celebración de aquella memorable cita a pesar de todos los impedimentos y presiones políticas recibidas. De él debemos aprender que en los proyectos y en la vida no hay camino fácil, que conviene siempre valorar los riesgos, que las dificultades nos ponen a prueba y que esas barreras aparentemente insalvables que se interponen entre nosotros y nuestros objetivos -a veces- no son tan infranqueables, y sí son superables con trabajo y determinación para poner el foco en la negociación, en la búsqueda de acuerdos y soluciones en aras a un objetivo común.

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CARPETAZO A MAYO, MES DE…

Photo by Gabriella Clare Marino on UNSPLASH

Comentaba este fin de semana con un amigo que se acaba mayo, el otrora mes de las flores, el mes por excelencia de la primavera, de la Virgen María, de las madres… y reflexionábamos sobre qué queda en esta sociedad de todo eso que vivimos cuando éramos más jóvenes. El vertiginoso ritmo de nuestra vida y los abruptos cambios experimentados por nuestra sociedad hacen que en apenas una generación hayamos ido olvidando todas esas costumbres, viviéndolas de una manera superficial o cambiándolas por otras actividades más modernas.

Cumpliendo con el rico refranero español, ya sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y así nuestras jóvenes generaciones han dejado de llevarle flores a María y rezarle durante el mes de mayo como hacíamos de niños, quizás aparcándolo como una asignatura pendiente para el futuro, cuando lleguen los momentos de recurrir a la ayuda Divina ante una extrema necesidad. Nuestra sociedad ha considerado que dentro de su proceso de “modernización” o evolución no hay espacio para la religión en los centros educativos y eso es lógico, sobre todo cuando la mayor parte de las familias no practica la religión activamente y también deja la Fe y las flores a María para cuando lleguen los nubarrones y/o en sus vidas se ponga a tronar.

Tampoco tenemos tiempo para contemplar y disfrutar del mejor periodo del año, con temperaturas agradables y los días de la primavera estirándose, amaneciendo cada vez más pronto y con atardeceres sin prisa por terminar. Tenemos tantas ganas de que llegue el verano para disfrutar de unos merecidos días de vacaciones que nos perdemos el viaje por el espectacular periodo primaveral que le precede.

Pero, volviendo a la conversación con mi amigo, nos sorprendíamos de la proliferación de actividades que han tenido en muchos colegios y centros educativos en el mes de mayo, manteniendo la línea trazada para todo el curso por las últimas leyes educativas que buscan aliviar el trabajo, la concentración y la exigencia de los alumnos insertando periodos de asueto y jornadas no lectivas. Si bien en las últimas décadas se han ido abandonando las fiestas religiosas, hoy nos encontramos con que desde el inicio de curso hemos tenido ocasión para -entre otras cosas- celebrar Halloween, para el magosto (o sus variantes en algunas comunidades autónomas del norte), para el “amigo invisible”, festival de Navidad, carnaval, jornadas de cine, jornadas del deporte, diversas excursiones y visitas locales, campamentos y viajes de estudios, etc. Después de este somero recuento, los contertulios echábamos en falta un par de fechas que han sido desterradas en muchos colegios como son los días dedicados a celebrar y recordar al padre y a la madre, unas fechas que, aunque quizás podamos considerar que se han desnaturalizado por el consumismo de la propia sociedad y la intervención de los grandes almacenes, han pasado al olvido en muchos centros educativos. Desconozco si la razón por la que nuestros hijos tienen tiempo para celebrar Halloween (o cualquier otra fiesta) pero no para tener presente a su padre o a su madre es una instrucción de la Consejería de turno o voluntad propia de cada centro educativo, pero la explicación oficial que en su momento se me trasladó fue que actualmente vivíamos en una sociedad en la que muchas familias (quizá ya la mayoría) están “desestructuradas”, y celebrar un día del padre o de la madre cuando hay niños que están en el centro de la discordia, o que tienen que comprender que padres se han separado y rehecho sus vidas con nuevas parejas, es un motivo de tristeza y disgusto más que de fiesta. Si aceptamos como válido ese argumento, deberíamos plantearnos qué sociedad y qué familias estamos “estructurando” para que un día de celebración repercuta negativamente en nuestros hijos.

Como llega el verano y muchos estarán buscando alojamiento para unas merecidas vacaciones, llama la atención comprobar que haya más establecimientos que muestren orgullosos el cartel de “hotel sin niños” o el de “se admiten mascotas” que el de “hotel ideal para familias” y esto puede ser una pista de por dónde van los tiros en nuestra sociedad.

En una época en la que los médicos alertan seriamente de un incremento en los trastornos psicológicos que afectan a personas de todas las edades -pero cada vez con una mayor incidencia entre la juventud-, o en la que las noticias nos inundan diariamente con episodios no ya de fracasos escolares, sino de violencia, acoso, o de suicidio en edades cada vez más tempranas… convendría reflexionar si hemos acertado cambiando las flores a María, la oración de nuestra juventud y la celebración del día del padre o de la madre por este moderno sistema educativo que incluye -seguramente con la mejor de las intenciones- la asignatura de “Educación en valores cívicos y éticos”, o un calendario en el que se insertan fiestas que poco tienen que ver con nuestra tradición y jornadas varias que adornan el curso académico. También deberíamos pararnos a pensar si -tal vez- el rumbo que llevamos tanto a nivel social como educativo es el más adecuado para el crecimiento y la maduración de nuestros hijos.

En mi infancia éramos pocos los que vivíamos en “familias desestructuradas”, pero (hablo por mí) no nos sentíamos inferiores o discriminados con respecto al resto porque había que tirar con la situación que nos había tocado en suerte: en el colegio éramos un niño más para el resto de amigos y en casa teníamos un ambiente y una familia que suplía las carencias de la ausencia no deseada. Desde luego, no recuerdo que el día del padre o el día de la madre, cuando cada año poníamos nuestra mayor ilusión y mejor hacer en algún trabajo manual en el cole con el que obsequiar a los nuestros, supusiera un trauma o un momento de tristeza para mí o para alguno de mis compañeros.

Los tiempos cambian, y en las escuelas hemos pasado de aprender el “Honrarás a tu padre y a tu madre” a no poder celebrarlo por respeto a las nuevas estructuras familiares. Si consideramos la familia como la célula o pilar fundamental de la sociedad, tal vez deberíamos reflexionar si no estamos debilitando en exceso nuestros fundamentos.

Para ayudarles en la meditación, les invito a disfrutar de un vídeo de la una versión de la conocida canción de Los Secretos Volver a ser un niño, adaptada a villancico y grabada en un colegio con la maravillosa colaboración de un coro de niños:

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