A HORSE WITH NO NAME

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A veces en nuestras empresas o en nuestras vidas llegan momentos en los que los referentes desaparecen y las tendencias se dispersan: unas situaciones que pueden dar lugar a decisiones erróneas o a bloqueos mentales, pero que también pueden suponer oportunidades para demostrar nuestra verdadera capacidad. Vamos a ver cómo la creatividad y el tesón pueden abrirse paso y conducir al éxito más inesperado en un entorno desértico de referentes, en un momento en el que las influencias externas marcan caminos dispares o –incluso- durante un proceso de crisis de la propia identidad.

La primavera de 1970 trajo una cierta sensación de orfandad para el panorama musical británico con el anuncio oficial de la disolución de los Beatles (10 de abril de 1970). Tanto la industria musical como los propios músicos se quedaban sin el referente que había marcado los sonidos y las melodías de los últimos años, y eso generó un ecosistema donde distintas tendencias y experimentos dieron lugar a una amalgama de géneros que convivían buscando nuevas direcciones:

  • Folk Rock y Soft Rock: interés por los sonidos acústicos, las armonías vocales y la introspección, como el propio Paul McCartney o Cat Stevens.
  • Hard Rock y Heavy Metal: buscando sonidos más eléctricos y pesados, con potentes riffs de guitarra, como el caso de Led Zeppelin o Black Sabbath.
  • Rock Progresivo: buscando una nueva música con mayor complejidad técnica y temas de mayor duración que se alejaban de la fórmula comercial, como Génesis o Pink Floyd.
  • Pop de Autor: también había hueco para quienes exploraban nuevas fusiones, como Elton John o el Glam Rock de Marc Bolan (T. Rex)  

En este caldo de cultivo cultural, tres estudiantes de la London Central High School (Watford), afectados por una cierta crisis de identidad al ser hijos de militares norteamericanos destinados en el Reino Unido, se reunían para tocar canciones acústicas con interesantes armonías vocales que recordaban su origen, sus breves estancias en EE.UU. o las historias que contaban algunos soldados de la base. Nada más graduarse -en 1970- intentaron profesionalizar su música y dejar huella de su peculiar estilo, para lo que empezaron adoptando el nombre de AMERICA: un rasgo que anticipaba su identificación como una banda estadounidense y no como un mero grupo inglés buscando ese estilo americano. No tardaron en convertirse en una isla perfecta -dentro de ese caos de estilos y tendencias- con canciones melódicas que destilaban cierta nostalgia: sonaban a la idílica California, pero con la precisión inglesa. 

De los tres componentes del grupo, Dewey Bunnell podría considerarse el visionario rítmico: un muchacho nacido en Yorkshire de padre estadounidense y madre inglesa que aportaba el estilo más experimental y folk; con tan sólo diecinueve años compuso el primer éxito de la banda “A horse with no name”, inspirada en los paisajes desérticos californianos que recordaba de su niñez, cuando su padre estuvo allí destinado.

Por su parte, Gerry Beckley era el arquitecto melódico: un excelente y versátil músico que no sólo dominaba el piano, la guitarra y el bajo, sino que también poseía un sobresaliente oído para las baladas pop. A él le pertenece “Sister golden hair”, una de las canciones más famosas del grupo (y mi favorita).

Por último, Dan Peek tenía una personalidad más espiritual, era otro muiltiinstrumentista que también aportaba armonías vocales y daba un toque más roquero al grupo. En 1977 -tras años de giras y abusos de drogas y alcohol- decidió dejar el grupo, encontrando su refugio en la fe cristiana y convirtiéndose en uno de los pioneros músicos entregados al pop cristiano.

El trío America fue descubierto por el promotor Jeff Dexter en un club de Londres en 1971, e ipso facto firmaron con la discográfica Warner Bros. Records. Aunque su primer álbum no incluía inicialmente “A horse with no name”, la discográfica les pidió que grabaran esta canción para que funcionara como sencillo en las emisoras de radio… y fue tan exitosa que tuvieron que reeditar ese primer disco para incluir este tema. A pesar del éxito, muchos críticos y publicaciones especializadas (que no los habían visto venir) juzgaban negativamente a la banda, acusándoles -entre otras cosas- de ofrecer un producto “demasiado perfecto”, de componer unas letras desmesuradamente simples o de ser una mera copia de los Crosby, Stills, Nash & Young.  A medida que las críticas arreciaban, las ventas crecían y con ellas el reconocimiento y el clamor del público que -ya en 1972- los llevó a conquistar el número 1 en EE. UU., donde se mantuvo cinco semanas en lo que puede denominarse un “éxito inexplicable”.

Aunque ganaron un merecido Grammy en 1973, el grupo entró en un cierto estancamiento comercial, una deriva que fue detectada y corregida en 1974, cuando el trío decidió contar con un productor externo que les ayudara a recuperar el rumbo: una tarea para la que no dudaron en ponerse en contacto con George Martin (antiguo productor de The Beatles). A partir de entonces Martin les produjo hasta siete álbumes, dotándoles de una sofisticación orquestal con arreglos en cuerdas y vientos sutiles pero decisivos, ayudándoles a enfocar sus ideas y devolviéndoles al número 1 en las listas de éxitos con “Sister golden hair” en 1975. Además, con el prestigio de George Martin en la producción, la prensa y la crítica también empezaron a valorar a la banda, reconociendo por fin su perfeccionismo técnico y sus armonías vocales.

El éxito les llegó siendo fieles a su estilo, que coincidía con lo que el mercado (público objetivo) necesitaba en ese momento, y sin hacer caso a las tendencias marcadas por los críticos y expertos del momento.

Recuerden estos versos de la canción “A horse with no name”:

In the desert, you can remember your name

‘Cause there ain’t no one for to give you no pain

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UN PROBLEMA SOCIAL

Hace unas semanas reflexionábamos en el artículo The Full Monty Asturias sobre el paralelismo de la película The Full Monty con la realidad que está invadiendo Asturias: si recuerdan, hablábamos sobre cómo el impacto de la desindustrialización de Asturias había sido amortiguado con generosas prejubilaciones, empleo público y ayudas sociales, y esto había adormecido o anestesiado el debate de fondo.

Hace unos días, un empresario del sector metal compartía conmigo su preocupación por dos problemas acuciantes para él en los últimos tiempos, unos problemas que en los últimos años también se escuchan reiteradamente en otros sectores tan variopintos como la hostelería, el transporte, la construcción o los servicios agrícolas:

  1. Los dueños o gerentes de pequeñas y medianas empresas se quejan de que no encuentran gente que quiera trabajar: ya no pretenden profesionales que lleguen con el oficio aprendido o la cualificación acreditada, sino personas responsables que quieran trabajar.
  2. La segunda preocupación es el absentismo laboral, con índices difícilmente sostenibles para cualquier empresa y que si lo son para el sistema lo es porque nadie quiere poner coto a semejante problema.

La sistemática de este preocupante asunto suele ser recurrente: se busca personal, el personal aparece (con formación o sin formación, no es un factor determinante), el eventual empleado examina la oferta y las condiciones laborales y, en el caso de estar de acuerdo con éstas –algo cada vez más complicado- empieza a trabajar; llegar a este punto ya puede considerarse un triunfo. Lo siguiente es el periodo de adaptación del empleado y su eficiencia, y aquí ya entramos en el apartado del absentismo laboral: según datos de Randstad Research, en Asturias se ha duplicado el absentismo laboral en la última década y ya hemos superado en algunos trimestres de 2025 el 10%, una de las tasas más altas del país.

  • EL ABSENTISMO LABORAL

El impacto económico del absentismo en Asturias durante 2025 ha sido cuantificado por diversas organizaciones, destacando las siguientes cifras:

  • Coste directo para las empresas: Se estima que el absentismo laboral abrió un agujero de aproximadamente 660 millones de euros en la economía asturiana durante el año, según datos analizados por la Universidad de Oviedo y COPE Asturias. Volviendo al interlocutor del que les hablaba al principio, éste me reconoció que en su empresa (una PYME) el coste directo estimado de ese absentismo superaba los 150.000€ el año pasado.
  • Coste total estimado: Otros informes elevan el impacto anual a 1.712 millones de euros al considerar tanto los costes directos como los indirectos (sustituciones, pérdida de productividad y cotizaciones), afectando a una media de 34.000 empleados que faltan cada día a su puesto en la región.
  • Contexto nacional: A nivel de toda España, la CEOE y Cepyme situaron el coste del absentismo en 2025 por encima de los 32.000/33.000 millones de euros, lo que equivale a cerca del 3% del PIB nacional.
  • Impacto por sectores: La industria asturiana es la más castigada, con tasas de absentismo que llegaron -como decíamos- al 10,7% en algunos trimestres de 2025, lo que supone un lastre crítico para la competitividad industrial de la comunidad, como también apunta Adecco Group.

Siempre he sentido admiración por aquellos que se lanzan a montar una empresa o un negocio antes que preparar una oposición o trabajar por cuenta ajena, pero sólo acercarnos a estas cifras ya hace que podamos considerarlos héroes.

Si ya son graves los costes económicos que esta situación ocasiona en las empresas, lo peor -en mi opinión- es que supone un lastre o una rémora que impacta decisivamente en nuestra sociedad.

A juicio de los estudiosos, las principales causas del absentismo laboral en Asturias son:

  1. Envejecimiento de la población activa: Asturias tiene una de las medias de edad más altas de España. Una plantilla de mayor edad implica una recuperación más lenta ante enfermedades comunes y una mayor prevalencia de patologías crónicas.
  2. Estructura económica (peso de la Industria): El sector industrial y la construcción -pilares en la región- exigen un mayor esfuerzo físico, por lo que las tasas de absentismo en la industria asturiana (10,7%) superan con creces a la media de otros sectores.
  3. Colapso en la gestión sanitaria: El retraso en las listas de espera para pruebas diagnósticas, rehabilitaciones e intervenciones quirúrgicas en el sistema público prolonga innecesariamente la duración de las bajas por Incapacidad Temporal (IT).
  4. Cultura laboral y factores psicosociales: Se ha detectado un incremento en las bajas por salud mental (estrés, ansiedad), que suelen ser de larga duración.
  5. Efecto “lunes” y “viernes”: Los informes sectoriales señalan que una parte del absentismo sin baja médica está ligada a la falta de flexibilidad horaria o dificultades de conciliación.

Para profundizar un poco más en este problema, y su afectación en el sector industrial en Asturias en este siglo XXI, veamos algunos datos económicos:

  • TRABAJADORES Y ESTADÍSTICAS SALARIALES

Si echamos un repaso a la evolución en lo que va de siglo los trabajadores, los perceptores de salario mínimo interprofesional (SMI), los parados y la personas que ni estudian ni trabajan pero cobran algún tipo de ayuda (en Asturias engloba a los beneficiarios del Salario Social Básico y a los del Ingreso Mínimo Vital), nos encontramos con estos datos desde el año 2000:

AñoOcupados (Sueldo neto)Trabajadores SMI (cuantía)Parados (prestación media)Beneficiarios ayuda “NINI” (prestación media)
200062.000 (1.150€)~1.200 (424€)65.000 (610€)~3.800 (300€)
200558.500 (1.480€)~1.100 (513€)44.000 (745€)8.500 (338€)
201048.000 (1.850€)~900 (633€)78.000 (890€)16.200 (426€)
201540.500 (1.920€)~1.300 (648€)92.000 (845€)22.100 (442€)
202042.215 (2.350€)~2.800 (950€)62.000 (915€)24.500 (461€)
202545.300 (2.580€)~3.500 (1.167€)40.100 (1.045€)29.800 (604€)
  • EL SALARIO MÍNIMO INTERPROFESIONAL (SMI)

Históricamente los beneficiarios del SMI suponían menos de un 3-5% de los trabajadores del sector industrial, debido fundamentalmente a que, en los sectores del metal, la química o la energía, los salarios base de esos convenios superaban ampliamente el baremo del SMI; no obstante, el alza en la última década del SMI (+54% desde 2018) ha hecho que éste se empiece a armonizar con las categorías profesionales más bajas de los convenios.

La distribución de los perceptores del salario mínimo interprofesional (SMI) en la industria asturiana está fuertemente influenciada por el tamaño de la empresa: mientras que en las empresas de gran tamaño la incidencia es prácticamente nula, en las empresas más pequeñas el SMI se ha convertido en un indicador de referencia tras las subidas de los últimos años. De los aproximadamente 3.500 trabajadores del sector industrial que perciben el SMI en Asturias, la gran mayoría se concentra en el tejido de pequeñas empresas auxiliares y talleres locales:

Tipo de empresa% Beneficiarios SMIPerfil típico en Asturias
Microempresas (1-9 empl.)~65%Talleres mecánicos, pequeñas carpinterías metálicas y manufactura local.
Pequeñas Empresas (10-49 empl.)~25%Empresas auxiliares de montajes, artes gráficas y agroalimentarias familiares.
Medianas Empresas (50-249 empl.)~8%Fabricación de componentes y logística industrial especializada.
Grandes Empresas (>250 empl.)<2%Personal de entrada en categorías muy específicas no cubiertas por pluses.

Para entender mejor la estructura laboral en la región debemos tener en cuenta que el 84,3% de las más de 3500 empresas activas en el sector industrial asturiano son microempresas o pequeñas empresas (menos de 50 trabajadores), y que éstas dan empleo a unos 23.500 trabajadores… y es aquí donde el SMI tiene un impacto real, porque estas empresas tienen menos margen de negociación colectiva propia frente a las grandes corporaciones. En el año 2000 el SMI era una cifra marginal en la industria, pero en 2025 éste representa ya cerca del 70% del salario medio en las pymes, lo que ha provocado que categorías profesionales que antes estaban por encima del mínimo legal ahora hayan sido alcanzadas por este suelo salarial. 

EL PROBLEMA REAL

  • LA REALIDAD ECONÓMICA DE LAS EMPRESAS

Para contextualizar aún más, a los datos vistos hasta ahora debemos añadir que la facturación media anual de una microempresa del sector industrial en Asturias fluctúa entre los 300.000€ y los 650.000€ (con márgenes de beneficio entre el 4% y el 6%) y, en el caso de una pequeña empresa, la horquilla de facturación se sitúa entre los 2,5M€ y los 5,5M€ (con márgenes de beneficio entre el 7% y el 9%). Estas empresas soportan una carga fiscal real (entre impuestos y cotizaciones sociales) de casi la mitad de sus beneficios –un gravamen que es un 53% superior al promedio de la UE- a lo que hay que sumar los costes operativos entre los que destaca la factura energética… y el absentismo: el impacto del absentismo en una microempresa del sector industrial es más que notable, puesto que una baja prolongada no solo supone el coste de la prestación, sino una pérdida directa de producción difícil de sustituir, lo que reduce el margen operativo en casi un 2% adicional comparado con la media nacional.

Al absentismo (justificado o injustificado) se une la dificultad para incorporar nuevos trabajadores debido a la circunstancia de que, tanto la prestación por desempleo como las ayudas “salario social básico” o “ingreso mínimo vital”, han dejado de ser ayudas transitorias para convertirse en alicientes o incentivos para rechazar un puesto de trabajo: cada vez más perfiles jóvenes y no tan jóvenes rechazan un trabajo de 8 ó 10 horas diarias con un sueldo de 1500€/1800€ si se encuentran en paro y cobran unos 1200€ de subsidio o incluso si son beneficiarios de alguna prestación de 800€. 

  • LA REFLEXIÓN

¿Merece la pena invertir en cursos -para empleados o desempleados- en los que se enseñan oficios o se prepara a la gente que no va a querer trabajar?, ¿cuál es el coste de formar a un albañil, a un calderero, a un soldador o a un camionero, por poner algunos ejemplos?   

El problema social creo que es demasiado complejo para discutir si la culpa es del estado por no poner coto y solución a todo esto o de la sociedad por abandonarse a la molicie y a la picaresca: da igual de quién sea la culpa, el problema lo tenemos aquí y creo que aún no somos conscientes de sus consecuencias en el futuro.

BIBLIOGRAFÍA

1. SADEI (Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales)

  • Anuario Estadístico de Asturias: Series históricas de Valor Añadido Bruto (VAB) por sectores y empleo.
  • Cuentas de la Industria Asturiana: Desglose de facturación y personal ocupado en el sector secundario.
  • Encuesta de Población Activa (EPA) – Asturias: Datos de ocupados en industria, construcción y servicios.

2. INE (Instituto Nacional de Estadística)

  • DIRCE (Directorio Central de Empresas): Series temporales sobre el número de empresas por actividad (CNAE) y comunidad autónoma.
  • Estadística Estructural de Empresas (Sector Industrial): Datos de volumen de negocio y personal desde el año 2000.
  • Contabilidad Regional de España: Peso porcentual de cada sector en el PIB regional.

3. Informes de Coyuntura (Proyecciones 2024-2025)

  • BBVA Research: Informe «Situación Asturias 2024-2025» (Previsiones de crecimiento del PIB y empleo sectorial).
  • CaixaBank Research: Fichas de comunidades autónomas – Principado de Asturias (Análisis de la recuperación industrial y construcción).

4. Portales de Transparencia y Gobierno

  • Gobierno del Principado de Asturias: Informes económicos-financieros y presupuestos generales (análisis del sector energético y extractivo).

5. Randstad Research (Diciembre 2025): «Informe trimestral sobre el absentismo laboral en España». Proporciona los datos porcentuales por CCAA (7,6% para Asturias).

6. COPE Asturias / Universidad de Oviedo (Febrero 2026): Análisis sobre el «Agujero económico de 660 millones en la economía asturiana».

7. CEOE y CEPYME (Diciembre 2025 / Febrero 2026): Informes sobre el impacto del absentismo en el PIB nacional y el coste para las mutuas y empresas.

8. Adecco Institute (2025): «Análisis trimestral de absentismo y siniestralidad laboral», centrado en el impacto por sectores (Industria, Servicios y Construcción).

9. Diario El Comercio / Europa Press (Ediciones 2025-2026): Recopilación de comunicados de la patronal asturiana (FADE) sobre la pérdida de competitividad regional.

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EL PLACER DE CASA AJENA

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Como repasábamos en algún artículo anterior (“The truth of the barquero”) en los últimos años, y de una manera mayoritaria, la prensa ha desistido de su papel como cuarto poder y ha renunciado a su independencia para convertirse en una blanda inquisición o un medio de influencia que se limita a administrar un relato a conveniencia del capo de turno.

En los numerosos coloquios que pululan por los medios audiovisuales (muchos de ellos sin nada que envidiar a auténticos gallineros) suelen participar contertulios con la vitola de “imparciales”, aunque su supuesta independencia se caiga antes del tercer comentario… pero también intervienen otros opinadores profesionales que no ocultan su favoritismo o su vehemente apoyo a determinados postulados.

En el caso de las tertulias deportivas esta circunstancia es particularmente más marcada, llegando al extremo de periodistas que van con la camiseta del club de sus amores o que no dudan en presumir de su historial como socios del club. Hay uno de estos tertulianos -de cuyo nombre no quiero acordarme- con canal propio en redes sociales y presencia en varios medios y diversas tertulias, que presume de ser socio del Real Madrid desde hace décadas y se arroga la representación del sentir de muchos madridistas, además de defender –presuntamente- los intereses del club. Mi admirado Richard Dees ha tenido la genialidad de bautizar a este advenedizo como “fuego amigo”, si bien en los últimos tiempos ya empieza a ser conocido también como “placer de casa ajena”: su discurso habitual desde hace años -insisto, a pesar de jactarse de ser socio y aficionado del Real Madrid- es que el club lo hace todo rematadamente mal, que los jugadores merengues son todos unos paquetes y que los buenos son siempre los que están en otros clubes… todo lo mejor siempre está en otros clubes. Afortunadamente para los aficionados blancos, este hombre nunca ha acertado con sus catastróficas predicciones ni con sus valoraciones y, a pesar de sus críticas a entrenadores, jugadores y directiva, el club ha seguido cosechando títulos de una manera notable (obviamente no siempre se pueda ganar: esto es deporte).

Tildar a este sujeto como “placer de casa ajena” por su eterna y desmesurada admiración hacia los entrenadores y jugadores de otros clubes llamó mi atención y me ha parecido muy brillante, porque es un fenómeno que también he visto en muchas empresas y que ha llevado a la mayor parte de ellas a la ruina: cuando no se valoran las propias fortalezas y se anhela o quieren copiar otros modelos sólo por apariencias externas, el fracaso está casi garantizado. Igual que pasa en las empresas, seguro que muchos de nosotros conocemos también casos de relaciones personales en las que una pareja se ha roto por no saber apreciar lo que se tenía al lado mientras se deseaba la cara externa de lo ajeno.

El “placer de casa ajena” es un fenómeno psicológico y social que, si bien rara vez se nombra, define gran parte de nuestra arquitectura emocional moderna. Aunque a simple vista el alivio de disfrutar de un espacio donde no somos responsables de las goteras ni de las facturas parezca una sensación inocente, cuando este placer se desvía pasa a conectarse con una de las sombras más persistentes de la condición humana: el deseo incesante de los bienes ajenos y el menosprecio sistemático de lo propio.

Este fenómeno guarda relación con el conocido “síndrome de la hierba más verde en el jardín del vecino”, y es -en esencia- un placer de desconexión: cuando cruzamos el umbral de un hogar que no es el nuestro, experimentamos una suspensión temporal de la carga mental. En nuestra casa, el césped hay que trabajarlo, el papel pintado nos recuerda que hay que cambiarlo, el fregadero lleno nos habla de tareas pendientes, el silencio puede recordarnos la soledad… en cambio en la casa ajena somos espectadores. Esta posición de «espectador» es la clave de la idealización porque, al no participar en la gestión del orden ni en las responsabilidades o conflictos que sostiene esa estructura, solo percibimos el resultado final: el jardín perfecto, la estética, la luz, el aroma del café recién hecho… es un placer estético libre de compromisos o del desgaste de la existencia diaria. El problema surge cuando extrapolamos este alivio momentáneo a una conclusión existencial que nos haga pensar que «la vida de los demás es más limpia, más bella y fácil que la mía».

La razón por la que el césped del vecino nos parece más verde no es puramente psicológica, sino también geométrica: desde nuestra posición, miramos nuestro jardín desde arriba y vemos la tierra seca entre las briznas, los insectos y las zonas amarillentas; sin embargo, al mirar el jardín del vecino, lo hacemos desde un ángulo oblicuo y desde esa perspectiva las briznas de hierba se superponen visualmente, ocultando la tierra y creando la ilusión de un manto denso y perfecto.

Psicológicamente ocurre lo mismo: nosotros vivimos nuestra vida desde el «backstage», conocemos nuestras deudas, nuestras miserias, nuestras inseguridades y el esfuerzo que nos cuesta levantarnos cada mañana; mientras tanto, del vecino sólo vemos la fachada, el «estreno», las fotos del viaje, el coche nuevo o la sonrisa en una fiesta… lo que inevitablemente nos lleva a comparar nuestro caos interno con su fachada externa, una batalla que siempre estamos destinados a perder: al desear la «casa ajena», no estamos deseando la realidad del otro, sino la versión editada que el otro proyecta, y este menosprecio de lo propio nace de una injusticia perceptiva, puesto que se nos olvida que juzgamos nuestra globalidad (con todas sus vicisitudes) frente a la fragmentariedad perfecta del vecino, y esto es una batalla en la cual lo propio -insisto- siempre está destinado a perder… incluso aunque acompañen los éxitos, como en el caso de nuestra empresa o del Real Madrid, por remitirnos al caso del que hablábamos al principio.

La relación entre el placer de lo ajeno y el deseo permanente de bienes extraños se fundamenta en un sesgo cognitivo que es la adaptación hedonista: los seres humanos tenemos una capacidad asombrosa para acostumbrarnos a lo que tenemos. Cuando compramos un coche nuevo o reformamos la casa experimentamos un éxtasis de dopamina, pero con el tiempo ese objeto se vuelve parte del paisaje, deja de ser una «posesión valiosa» para convertirse en «lo de siempre»; por el contrario, lo ajeno conserva la frescura de la novedad porque no lo vemos a diario, no está sometido al desgaste del uso cotidiano y brilla con una intensidad que lo nuestro ya perdió. El deseo permanente de lo ajeno es, en realidad, un intento desesperado de recuperar ese «estreno» emocional que ya no sentimos por nuestra propia vida.

El peligro, más allá del deseo por el bien ajeno, es que ese sentimiento suele derivar en la envidia, uno de los siete pecados capitales para un cristiano pero también una emoción que la psicología define no solo como el deseo de tener lo que el otro posee, sino como el dolor ante el éxito ajeno. La envidia -en este caso- actúa como una venda porque nos impide ver la utilidad y la belleza de nuestras propias herramientas mientras estamos demasiado ocupados analizando las del prójimo.

Cuando despreciamos lo propio, caemos en un círculo vicioso de insatisfacción crónica, que a buen seguro es lo que ya tiene el tertuliano “fuego amigo” y muchos de sus colegas. Si nada de lo que tenemos es suficiente porque siempre hay algo mejor fuera, nos condenamos a una pobreza mental -independientemente de cuánta riqueza acumulemos- alimentada por la ansiedad de alcanzar lo que no tenemos y la incapacidad para disfrutar de lo propio. La persona que desea permanentemente lo ajeno vive en un estado de «exilio emocional», habitando su casa, pero con el corazón puesto en la del vecino.

La verdadera riqueza no se mide por la cantidad de bienes que poseemos, sino por la capacidad de habitar nuestra propia realidad sin sentir la necesidad constante de ser otro, de estar en otro lugar o de poseer otras cosas. Al final del día, el único jardín que podemos regar, mejorar y disfrutar plenamente es el nuestro, y despreciarlo en favor de un espejismo lejano es la forma más segura de quedarse sin hogar… incluso teniendo un techo sobre la cabeza.

Recuérdenlo cuando hablen de su club, de su empresa, de su familia, de su vida…

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