DE TODO SE SALE

FOTO: NASA

Solemos echar mano de esta recurrente frase en momentos de adversidad o incertidumbre, como los tiempos que nos está tocando vivir.

Aunque entiendo los temores y desahogos a nivel individual, fruto de la impotencia o del inconformismo, soy de los que piensa que en estos momentos de inseguridad de poco o nada sirve lamentarse, sino analizar la situación, reflexionar y buscar soluciones. La situación es la que es y en nuestra mano está colaborar mediante medidas individuales para intentar mitigarla, cambiarla o sobrellevarla de la mejor manera posible.

Hace unos meses celebrábamos el 500 aniversario de la gesta de Magallanes-Elcano, en la que una expedición española compuesta por 5 naves y 239 hombres partieron con el objetivo de llegar a Asia navegando hacia el Oeste. Tres años más tarde, y después motines, enfermedades, mil y una batallas y percances… sólo 1 nave y 18 marineros regresaron cumpliendo el hito no sólo de llegar a las Indias, sino de ser los primeros hombres en circunnavegar el globo terráqueo. Si tienen oportunidad, visiten alguna de las réplicas de la Victoria (así se llamaba la nave que regresó) y háganse una idea de lo que tiene que ser salir al mar en ese “cascarón” y cómo debía ser la convivencia de la tripulación. La valentía, el coraje y la determinación de aquellos marineros hizo que la misión fuera un éxito, aunque el coste de vidas fuera grande.

Ya en la época moderna, hace ahora mismo 50 años la misión Apolo XIII estaba a punto de despegar, y en mi opinión es uno de los ejemplos en los que el hombre ha sido capaz de sobreponerse y vencer a la adversidad. Supongo que habrán visto la película y leído sobre el asunto, pero imagínense en 1970 -con los medios técnicos de la época- a un ejército de técnicos haciendo cálculos contrarreloj e ingeniándoselas con las herramientas a su disposición para traer de vuelta a casa a 3 astronautas, que están viajando por el espacio en una nave averiada y maltrecha con exiguas reservas de oxígeno y combustible. Les recuerdo además que en aquella época la carrera espacial acababa de empezar, por lo que la experiencia para solventar dificultades no era muy extensa. Todos sabemos que la situación se salvó con éxito, pero no muchos saben que cuando en 1995 se rodó la película basada en esa historia, los guionistas pusieron en boca del director de la misión Gene Kranz una frase que en realidad éste nunca pronunció: “FAILURE IS NOT AN OPTION” -el fracaso no es una opción-, pero que fue aceptada de buen grado por todo el personal de la NASA porque ese era el “credo” y el espíritu con el que los ingenieros y técnicos de la época afrontaban cada misión.

El ser humano siempre se sobrepone, de mejor o peor manera siempre se sale de los momentos más acuciantes: cuanto más exigentes sean las circunstancias una mejor versión de nosotros mismos saldrá… si la dejamos salir.

Una de las personas en las que me suelo fijar a la hora de superar dificultades personales es el músico Eric Clapton a lo largo de su trayectoria vital. Para empezar, podemos considerar que es una víctima de lo que hoy llamaríamos una “familia desestructurada”; Eric nació en marzo de 1945 fruto de una relación entre su madre y un soldado canadiense enviado a Inglaterra durante la IIGM que volvió a su país antes incluso de que su hijo naciera. Creció pensando que sus abuelos eran sus padres (lleva sus apellidos) y creyendo que su madre real era su hermana: cuando a los 9 años se enteró de la realidad de su historia sufrió “un periodo de desviación en su vida”, según cuentan las biografías.

En palabras del propio Clapton “la música se convirtió en mi alivio, y aprendí a escucharla con los 5 sentidos”, y eso explica que siendo un niño solitario su afición por la música le llevó a aprender a tocar el piano y luego –de manera autodidacta- la guitarra. En su adolescencia (ya en ese periodo de desviación del que hablábamos) cuentan que se convirtió en un chico “popular y malvado”, fue expulsado del colegio y se ganaba la vida como podía, empezando a tocar con varias bandas londinenses: con sólo 18 años ya formaba parte de los Yardbirds. Todo iba tan deprisa que cuando cumplió 20 años un grafiti en el metro de Londres ya rezaba “Clapton is God”. A medida que su éxito crecía su vida se hacía ingobernable, con adicciones a heroína, cocaína y alcohol, así como a las “relaciones nocivas”.

Estamos a finales de los años 60, y a todo el catálogo de adicciones señaladas se añade el enamoramiento de un imposible: la mujer de su mejor amigo. Su atracción irrefrenable por Pattie Boyd, esposa de su gran amigo George Harrison, hace que componga una de sus mejores canciones (Layla), pero también que su adicción a las drogas llegue a un punto aparente de no retorno… hasta que sus amigos Pete Thowsend, Ron Wood y Steve Winwood le rescatan y consiguen que –al menos- se desenganche de la heroína y de la cocaína.

A principios de la época de los 70 pierde a su hermano en un accidente de moto, y aunque consigue casarse (por fin) con su deseada Pattie Boyd en 1974, su adicción al alcohol continuará hasta finales de los años 80.

Cuando su vida parecía estabilizada a principios de los años 90, su amigo Stevie Ray Vaughan fallece en un accidente, y más tarde sufre en primera persona el que para mí es –sin duda- el mayor golpe que alguien se puede llevar: su hijo Conor, de 4 años, se muere al caer accidentalmente desde el piso 49 de un rascacielos en Nueva York. Esta terrible tragedia le sume en una profunda depresión y también le devuelve a alguna de las adicciones que ya había superado. Mientras en el aspecto profesional le llueven de nuevo los premios y reconocimientos, su vida personal es un calvario del que no saldrá hasta 1998, tras pasar por un centro de rehabilitación en Bahamas y que le motiva para crear el centro de desintoxicación Crossroads Antigua, con el que desde entonces colabora activamente.

En 2016 -con más de 70 años- anuncia que tiene “neuropatía periférica”, lo que le produce un gran dolor físico y pérdida de sensibilidad, motivo por el que se verá obligado a dejar las giras… pero también logra sobreponerse y continúa con sus conciertos por todo el mundo hasta nuestros días.

Como vemos, hasta las misiones más complejas se pueden sacar adelante con la determinación, el empeño y la voluntad del equipo si cada uno trabaja, se sacrifica y pone lo mejor de sí mismo, como nos demostraron los marineros y navegantes españoles del Siglo XVI, o el equipo de técnicos y trabajadores de la NASA…

y en el plano personal debemos tener siempre presente que, aunque estemos hundidos y no veamos salida siempre habrá una luz, una ayuda, una esperanza en la que poder apoyarnos para seguir nuestro camino: ahí tenemos el ejemplo de una estrella que sobrevivió a todas las adicciones posibles, a una familia desestructurada, a amores imposibles, a la pérdida de un hijo, a la temida depresión… y envejece con los achaques propios de la edad.

¿De verdad que no vamos a ser capaces de poder con lo que nos echen? 😉

#DeEstaSalimosJuntos

NOTA: Publicado en LinkedIn el 20 de marzo de 2020

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