El Hidrógeno y el reto de su almacenamiento

Este artículo fue publicado en la página web de mi empresa Duro Felguera (www.durofelguera.com)

El Hidrógeno y el reto de su almacenamiento

En Duro Felguera acumulamos un vasto historial de proyectos de tanques y esferas para almacenamiento de Amoniaco que arranca hace más de 50 años

Sin lugar a duda, el Hidrógeno se ha convertido en uno de los vectores principales de la transición energética. Dentro de las políticas a desarrollar en el marco del European Green Deal destaca la Estrategia Europea del Hidrógeno (EU Hydrogen Strategy), cuyo objetivo es establecer las pautas necesarias para desarrollar el papel del Hidrógeno en la reducción de emisiones de la Unión Europea de una manera eficiente y convertirlo en actor esencial para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Las metas fijadas por esta estrategia europea contemplan tres horizontes temporales con ambiciosos hitos ya marcados:

  • Primera fase (2020-2024): Instalación de un mínimo de 6GW de electrolizadores en la UE y la producción de hasta 1 millón de toneladas de Hidrógeno verde.
  • Segunda fase (2025-2030): Instalación de un mínimo de 40GW de electrolizadores en la UE y la producción de hasta 10 millones de toneladas de Hidrógeno verde.
  • Tercera fase (2030-2050): Madurez y despliegue a gran escala de las tecnologías de Hidrógeno verde o renovable.

Convendría tener en cuenta qué es el Hidrógeno y por qué es tan importante en la Transición Energética. El Hidrógeno es el elemento más ligero que se conoce, se presenta de forma estable en moléculas biatómicas H2 y en condiciones atmosféricas es un gas no tóxico, incoloro e inodoro. Nos encontramos ante el elemento más abundante del universo, si bien en nuestro planeta siempre aparece asociado al oxígeno para formar agua, o bien al carbono, para formar compuestos orgánicos. Esta última circunstancia nos obliga a no poder considerarlo como recurso natural o fuente de energía primaria, sino como un portador de energía o «vector energético»: es necesario producirlo (separarlo de sus socios con los que forma compuestos) mediante la aportación de algún tipo de energía.

En función de la materia prima a partir de la cual se produce el Hidrógeno y la energía utilizada para su obtención, éste se clasifica generalmente en:

  • Hidrógeno verde: Hidrógeno generado empleando fuentes de energía renovables, con bajas emisiones. Dentro de la categoría de hidrógeno verde, se encuentra el denominado Hidrógeno renovable, que se corresponde con la electrólisis del agua a partir de fuentes de energía renovables, con niveles de emisiones próximas a cero.
  • Hidrógeno gris: es el producido a partir de gas natural u otros hidrocarburos ligeros como metano o GLP mediante procesos de reformado.
  • Hidrógeno azul: es el producido de manera similar al hidrógeno gris, pero aplicando técnicas de captura, uso y almacenamiento de CO2 reduciendo de forma significativa las emisiones del proceso.


Debemos tener en cuenta que la Hoja de Ruta del Hidrógeno desarrollada por las administraciones se centra en el Hidrógeno Verde e hidrógeno Renovable.

El H2 verde, obtenido puede usarse en pilas de combustible, que deberían ser esenciales en la movilidad de un futuro cada vez más cercano; pero también se espera de él que sea un portador de energía, así como un nuevo protagonista en la industria descarbonizada.

Uno de los desafíos que debemos superar para consolidar el uso de H2 como fuente de energía es su almacenamiento y transporte, dado que los gastos asociados a estos apartados pueden llegar a suponer una parte importante del coste total de la energía producida con el Hidrógeno. La baja densidad de este elemento añade una gran dificultad a su almacenamiento, si bien se nos presentan varias alternativas: 

  • En estado gaseoso, dentro de recipientes a alta presión (200 a 1000 bar)
  • En estado líquido, a temperatura criogénica de -253⁰C
  • En forma de compuestos químicos (Amoniaco (NH3), Líquidos orgánicos (tolueno), etc.)
  • En hidruros metálicos
  • En microesferas de vidrio
  • En materiales basados en el carbono (nanotubos y nanofibras de grafito)
  • En zeolitas

En este contexto, y ante las dificultades que presenta en la actualidad la logística del H2, quizá deberíamos detenernos en la apuesta de un consorcio industrial japonés creado en 2019 para desarrollar el uso del Amoniaco (NH3) como producto energético. En la página de esta agrupación (https://www.ammoniaenergy.org/) están publicados interesantes artículos que detallan los prometedores avances de este compuesto como pilar en el uso energético.

El Amoniaco es un viejo conocido en el mundo de los fertilizantes; no genera CO2 al ser usado como combustible y se puede transformar en H2 a la vez que ofrece la posibilidad de alimentar directamente centrales térmicas y hornos industriales; además cuenta con la gran ventaja de su versatilidad para ser almacenado en estado líquido de manera refrigerada a una temperatura razonable de -33⁰C (a la presión de 1 atm), semi-refrigerada (entre -33⁰C y temperatura ambiente a una presión superior a 1 atm) o incluso en condiciones de temperatura ambiente a una presión muy superior a 1 atm, aunque sin llegar en ningún caso a los exigentes requisitos del H2.

En este escenario, en Duro Felguera acumulamos un vasto historial de proyectos de tanques y esferas para almacenamiento de Amoniaco que arranca hace más de 50 años: en 1968 con una esfera para ENPETROL en Cartagena y en 1969 con un tanque para FERTIBERIA en Castellón. Desde entonces nuestras referencias no han parado de crecer tanto en el mercado nacional como internacional, ofreciendo soluciones para el almacenamiento criogénico de Amoniaco a numerosos clientes.

Como hito particularmente reseñable cabe destacar que en 2003 Duro Felguera, a través de su filial Felguera-IHI completó el proyecto de diseño, fabricación, montaje y puesta en marcha de la mayor esfera de almacenamiento de amoniaco que se ha construido hasta la fecha en Europa (27 metros Ø y 10.500 m3 de capacidad).

Es evidente la imparable apuesta mundial por el Hidrógeno como vector energético, pero nos encontramos con el gran desafío que supone su logística y -particularmente- su almacenamiento. No dudamos de que el camino pasa por la investigación y desarrollo de nuevas soluciones económicamente viables y -sobre todo- fiables para el delicado manejo del H2, y ahí estará Duro Felguera. Pero en este momento el mercado no puede permitirse desdeñar las soluciones maduras ya contrastadas en las que nuestra empresa es referencia solvente desde hace más de 50 años, sobre todo si a ese vector energético se une también el del Amoniaco (NH3) por el que apuestan decididamente en Japón.

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MARRIED ISSUES (problemas matrimoniales)

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Sin lugar a duda la actualidad esta semana pasa por la batalla desatada en el Partido Popular. En los últimos tiempos es curiosa la habilidad de la dirección de ese partido político para manejar situaciones y tomar alguna decisión con la polémica como inherente aderezo, como lo fue la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo comentada en su momento en otro artículo: «No se enamoren de las personas»

No es sencillo hacer honor a la responsabilidad de mando, pero si se da el caso (bien porque te la han impuesto o bien porque te has postulado voluntariamente y te han “ungido”) hay que tener presente que esa responsabilidad incluye tomar las decisiones que sean requeridas en cada momento y siempre las más adecuadas para la empresa a la que representas. A Stan Lee -creador de Spiderman- se le atribuye la famosa frase “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, aunque ese lema ya había sido utilizado anteriormente en historias de otro superhéroe (Superman) y está documentado su uso muchos años antes en el Siglo XVIII en la Convención Nacional de Francia, en el Siglo XIX en el Parlamento Británico, o en 1906 en citas del mismísimo Winston Churchill reclamando esa máxima al gobierno. En cualquier caso, insisto en que cuando uno tiene una responsabilidad -grande o pequeña- tiene que asumirla con valentía y hacer frente a la situación: a veces tendremos tiempo para reflexionar y estudiar la mejor respuesta ante el desafío, pero en otras ocasiones se requerirá una acción inmediata que no admita demora.

En el mundo empresarial es frecuente enfrentarse a toma de decisiones que no siempre son sencillas o fáciles de manejar, pero aún así se espera de nosotros que estemos a la altura de la responsabilidad de nuestro cargo y que acertemos con la decisión a tomar. Uno de los factores que influye decisivamente es el entorno, tu equipo y la confianza que tu organización te infunda: es fundamental que los superiores apoyen y animen a los subordinados otorgándoles la libertad para desarrollar las respuestas, manteniéndose únicamente a disposición para ayudar si fuera preciso. En mi caso, siempre he agradecido a los jefes que me respaldaban en público y me corregían en privado.

He conocido casos de directores o gerentes honestos que, en la difícil circunstancia de tener que desprenderse de una persona, demostraban su categoría personal: comunicándolo en persona -dando las oportunas explicaciones-, preparando una salida ordenada y pagando una indemnización incluso mayor de los que marcaba la ley; pero también he asistido a casos rocambolescos en los que se evitaba el trato directo y -de una manera mediocre y vulgar- se recurría a prácticas poco éticas o que rozaban la legalidad para que o bien fuera el trabajador quien pidiera la cuenta o bien ahorrarse unos pocos euros en el finiquito correspondiente. Entre medias, he asistido a situaciones cada vez más frecuentes en empresas con una saturación de mánager y directores tan prestos a la hora de acaparar recursos (tanto humanos como materiales) como perezosos cuando se trata de dar la cara, tomar decisiones y demostrar su desempeño, valía y jerarquía. Entiendo que un líder o el responsable de un equipo considere que una determinada persona no encaja o es válida para su equipo, pero en ese caso creo que lo más honesto es prescindir de ella (y cuanto antes mejor) de una manera elegante, limpia y honesta.

Personalmente creo que en la toma de decisiones deben primar valores como la responsabilidad, la honradez, la honestidad y la valentía. Debemos ser personas íntegras y tener la conciencia tranquila: acertaremos o nos equivocaremos (eso es inevitable), pero debemos mantener nuestros valores por encima de todo y no actuar de una manera abyecta y calculadora. Creo asimismo que ante un problema no vale esconderse o perder el tiempo pergeñando una estrategia, sino que debemos ser solventes y eficaces haciendo honor al cargo y responsabilidad que nos han dado: ponerse de perfil, lamentarse -esperando el apoyo de la siempre numerosa cohorte de solícitos aduladores del poder- o darle vueltas esperando que otro te enmiende la situación es de mediocres y sólo demuestra nuestra incapacidad.

La historia siempre nos surte de alguna anécdota, y en este caso me parece apropiada la que cuenta que fue en 1908 cuando el torero Rafael Gómez Ortega –el Gallo– viajaba desde Sevilla a Madrid en un tren de vapor típico de la época: al llegar al paso de la dura Sierra Morena el diestro observó como la locomotora sufría lo indecible, emitiendo por la chimenea una densa humareda negra. Al llegar a la estación de Atocha en Madrid el maquinista decidió avisar con un fuerte silbido su presencia, al tiempo que la máquina exhalaba una potente nube de humo, con la fuerza que a lo largo del viaje le había faltado. En ese momento el diestro, al bajarse de su vagón y ya en tierra, miró al tren y le espetó: “¡esos cojones en Despeñaperros!»

La responsabilidad y la valía se demuestran en las situaciones difíciles y en las peores tempestades, no con viento a favor.

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Para llegar a Turín…

Photo by Jamie Street on UNSPLASH

La semana pasada tuve el placer de volver a hablar con mi amigo Jesús, dueño de una gran empresa: cuando usamos el término “gran empresa” no deberíamos pensar en una empresa grande, sino en una empresa bien gestionada que ofrece soluciones al mercado, que vela por los intereses de sus clientes a la vez que cosecha beneficios. Conseguir cumplir con esas premisas conlleva mucho trabajo, esfuerzo y muchos sacrificios, por eso no deberíamos dejar nunca de reconocer a esos valientes que dedican su vida a fundar una empresa, a generar riqueza en nuestra sociedad en forma de empleos, de trabajo para otros subcontratistas o de pago de impuestos. Por cada empresario que consigue subsistir (no digamos ya ganar y cosechar éxito) hay muchos que se quedan en el camino y pagan caro su arrojo con severas consecuencias económicas y personales, porque en estos casos de emprendimiento el trabajo, las inversiones, los sacrificios y las preocupaciones no siempre son garantía de éxito.

Uno de los grandes hándicaps con los que se están encontrando en los últimos tiempos este tipo de empresas es conseguir personal motivado y comprometido con la causa. En alguno de mis últimos artículos reflexionaba sobre cómo algunas empresas de gran tamaño se empeñan inexplicablemente en perder talento cuando tienden a demostrar el Principio de Peter (“con el tiempo, cada puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para llevar a cabo sus deberes”) o bien se entregan al amiguismo, al servilismo y mediocridad sin ambages; pero también seríamos injustos si pensáramos que absolutamente todos los empleados están motivados, son capaces, ejemplares e inocentes. Algo pasa en nuestra sociedad cuando por una parte chamuscamos profesionales de acreditada eficiencia mientras que por otra parte las empresas se quejan de no encontrar personal con las dosis necesarias de compromiso y motivación.

Quizá el asunto sea demasiado complejo como para intentar abordarlo sólo desde un punto de vista laboral, porque la sociedad también cambia y con ella la mentalidad, los principios y los objetivos individuales de cada uno. En mi opinión, es posible que el origen de gran parte de los problemas pueda estar en la teoría de que los denominados “baby-boomers” -nacidos en los años 60 y 70 del siglo pasado- somos la primera generación que vivirá peor que sus padres, a pesar de tener acceso a comodidades y posibilidades en otros tiempos impensables: es innegable que hemos tenido una vida más fácil que la que tuvieron nuestros antecesores y quizá esa falta de obstáculos nos conduce a veces a percibir la realidad de una manera distorsionada, de marcarnos horizontes demasiado ambiciosos o directamente irreales que acaban en agotamiento, frustración y ruptura de compromisos. Tenemos profusión de estudios de todo tipo, pero con frecuencia se nos olvida que haber completado un ciclo formativo sólo acredita tu preparación para empezar una nueva etapa y seguir aprendiendo, aunque esa nueva etapa se trate ya del mercado laboral. Sin embargo, muchos emprendedores de generaciones anteriores sí que tuvieron que ir aprendiendo a la vez que hacían el camino, esforzarse y arriesgar en ocasiones más de lo debido, aunque sólo fuera para mantener sus empresas a flote.

Hace unos años tenía relación casi diaria con un gran empresario que partiendo de la nada consiguió hacer un imperio. Pateando talleres con él (mi interlocutor, a pesar de no tener ya ninguna necesidad de hacerlo, no dejaba un día sin comprobar en primera persona la actividad en sus instalaciones) aprendí muchísimo, pero recuerdo especialmente el vínculo que mantenía con los trabajadores más veteranos, así como la circunspección hacia el resto de los empleados y -sobre todo- la frialdad hacia los de más reciente incorporación. Entre otras historias, un día me confesó las horas y los esfuerzos que había compartido con sus primeros empleados (algunos de los cuales aún seguían en la empresa) y que dudaba que ese mismo compromiso lo fueran a tener algún día los que llegaron después.

En uno de mis artículos anteriores compartía esta entrevista a Jack Welch en la que hablaba de su filosofía de liderazgo y gestión de personas y empresas: 

Durante uno de mis recientes periodos de ERTE aproveché para hacer un interesante curso de Mentoring con la magnífica María Luisa de Miguel. La propia definición nos aclara que el Mentoring es la “práctica dirigida a desarrollar el potencial de personas y organizaciones”, y creo que en este momento -más que nunca- deberíamos trabajar de una manera honesta en este sentido, tanto desde el punto de vista de las empresas como desde el punto de vista de los profesionales, para evitar caer en confusiones y situaciones frustrantes por ambas partes. En el proceso de Mentoring el mentor ayuda al mentee a desarrollar su potencial para alcanzar su objetivo, si bien hay una serie de claves o características que en aquel curso calaron sobremanera en mi:

  1. El mentor debe evitar caer en la tentación de satisfacer, aliviar, agradar o demostrar. Está para ayudar de una manera honesta: acompañando, guiando o dirigiendo de forma constructiva al mentee.
  2. Las Metas deben ser Auto-concordantes: las aspiraciones del mentee deben confluir con la capacidad individual y las capacidades sociales.
  3. En el proceso de Mentoring hay una “indagación estratégica” que se basa en 3 elementos:
    1. Objetivo del mentee
    2. Situación actual del mentee 
    1. GAP o brecha para pasar de la situación de partida al objetivo

Me ha parecido oportuno sacar estas pinceladas del Mentoring porque es extraordinario que sea precisamente la disciplina que se ocupa del desarrollo del potencial de las personas quien ponga de manifiesto que éste no puede ser a costa del agrado o el alivio hacia el mentee, sino desde el acompañamiento por parte del mentor y siempre basado en un objetivo coherente: la motivación y la actitud se le presuponen al interesado, quien además deberá aportar un esfuerzo y un trabajo para conseguir su meta.

Si llevamos este proceso al mundo de la empresa yo recomendaría a los mentees que -si de verdad quieren aprender y hacer carrera en una empresa- se carguen de paciencia y motivación, de ganas de aprender y sacrificarse por sus empresas, porque el proceso de aprendizaje empieza en el momento en el que firman su contrato, pero es muy posible que se prolongue indefinidamente, así que no es mala idea convertirse en esponjas y adquirir la mayor cantidad posible de conocimientos de sus posibles mentores. Y es más probable ser reconocido en una gran empresa en la que el dueño está en primera fila que en una empresa grande donde sobran jefes y difícilmente conocerás al dueño.

Cuando me incorporé a mi empresa, mi mentor solía decirme que “los pueblos hay que pasarlos de uno en uno, no de dos en dos”, en alusión a que todo conocimiento requería su tiempo de maduración, que por muchas ganas y empuje que tuviera en aquel momento hay cosas que sólo se adquieren con el tiempo. Años más tarde, cuando me tocó ser mentor de un joven prometedor, yo solía decirle que “para llegar a Turín hay que pasar por Turón” -rememorando una antigua anécdota futbolera- porque creo que el desarrollo profesional es como el vino: buena tierra, buenas cepas, mucha paciencia y muchísimo trabajo.

Como personas (y como trabajadores) en esta vida deberíamos tener claros nuestros objetivos y que éstos sean coherentes, pero también ser conscientes de que alcanzarlos requerirá tiempo, una buena dosis de sacrificios y esfuerzos… máxime en esta época plagada de ejemplos de todo lo contrario tanto en la sociedad como en algunas empresas.     

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