POSVERDAD LIVE AID

liveaid.free.fr

Este verano han cumplido 35 años dos iniciativas surgidas con un fin común que me siguen pareciendo tan exitosas como ejemplares.

Algunas informaciones sostienen que la chispa que encendió la mecha y conmovió conciencias es este breve y duro reportaje de la BBC el 23 de octubre de 1984 sobre la terrible situación que estaba atravesando Etiopía:

A una situación de años de guerra interna se unía un periodo de sequía en 1984 que afectaría a unos 8 millones de personas, causando 1 millón de muertes en términos globales y provocando trágicas situaciones como las que se muestran en el vídeo.

La emisión de este vídeo motiva de inmediato lo que ahora llamaríamos un CTA (“call to action”) en Bob Geldof, quien no pierde el tiempo y en colaboración con su amigo Midge Ure unen a varios famosos músicos británicos e irlandeses (Band Aid Trust) para grabar un mes más tarde la canción benéfica “Do they know it’s Christmas?” , que sale a la venta el 3 de diciembre y va directamente al número 1 de las listas de Reino Unido, donde permanecería 5 semanas superando los 3 millones de copias vendidas. Teniendo en cuenta la causa humanitaria del disco, el estado británico no recaudó impuestos en esta venta y la suma obtenida alcanzó los 8 millones de Libras.

Pero lo verdaderamente importante de este movimiento fueron las réplicas meses después. El impacto mediático de este movimiento saca a la luz el problema de la hambruna extrema en esa parte de África y la ola del «tsunami humanitario» cruza el Atlántico y llega a Estados Unidos, donde un grupo de músicos encabezados por Michael Jackson, Harry Belafonte, Stevie Wonder, Lionel Richie y Bruce Springsteen toman el relevo de Bob Geldof animándose a formar la fundación USA for Africa y lanzando en marzo de 1985 el famoso tema “We Are The Word”, que -sólo en EEUU- vende en ese momento 7,5 millones de copias y recauda más de 50 millones de Dólares.

En ambos movimientos participa Bob Geldof, y el trabajo en ambas costas del Atlántico por parte de mucha gente inquieta y comprometida se mantiene para hacer que ambas acciones culminen en dos conciertos el 13 de julio de 1985 en Londres y Filadelfia. Aún hoy es difícil entender cómo fue posible la organización de aquellos dos conciertos en poco más de dos meses, con la participación de todos los grandes músicos de la época unidos por una causa común: 16 horas de concierto, emisión vía satélite con más de 1000 millones de espectadores en 110 países, una recaudación de 125 millones de dólares… el éxito fue tal que a partir de entonces el 13 de julio pasará a ser declarada como Día Mundial del Rock.

El concierto de Wembley fue presidido en su inicio por los Príncipes de Gales, con una asistencia estimada de 80000 personas que a lo largo de casi 10 horas pudieron disfrutar de sus grandes ídolos unidos por una causa común. Antes de que el punto final llegara a Wembley, en el estadio JFK de Fialdelfia Joan Baez hacía de maestra de ceremonia ante 99000 personas que también tuvieron la oportunidad de vibrar con estrellas mundiales del mundo del Rock. Como anécdota me gustaría destacar que Phil Collins tiene el honor de haber sido protagonista en ambos conciertos, lo que seguramente supone un récord, puesto que no recuerdo a ningún otro músico que haya sido capaz de actuar en dos continentes en un mismo día: tocó en Wembley, tuvo tiempo para coger un vuelo del mítico Concorde y llegar al concierto del Filadelfia donde pudo volver a actuar; todo por una noble causa.

Aunque no faltaron ni trabas al principio por parte de representantes y discográficas ni las inevitables críticas a ambos conciertos, la voluntad y el tesón de los músicos se impusieron y creo que el motivo de concierto hizo que todas las actuaciones y la ocasión fueran memorables.

Si tienen interés pueden encontrar casi todo el concierto el distintos canales de Youtube, pero les dejaré una parte de la actuación de Queen:

En octubre de 1985, el propio Geldof organizó un viaje de 15 días en compañía de Kevin Jenden (director de la Band Aid) y un grupo de periodistas a los rincones más pobres y míseros de Mali, Burkina Faso, Níger y Chad, así como a los campos de refugiados de Sudán y Etiopía para llevar el dinero recaudado. Se aseguró entonces que todo el dinero recaudado llegó a su destino, y en 1986 Bob Geldof fue nombrado “Caballero Comendador de la Orden del Imperio Británico” por S.M. la Reina Isabel II. Desde aquel momento ha colaborado con más causas humanitarias y ha presionado para que los distintos gobiernos británicos se preocupen de mantener activa la ayuda con esa parte del mundo.

No tardaron en llegar las críticas y reproches con menor o mayor dureza. A medida que han ido pasando los años se ha dicho en muchos medios que los artistas (empezando por el propio Geldof) habían utilizado la campaña para auto-promocionarse, que el dinero recaudado había ido a cuentas opacas y se había quedado por el camino, que se había utilizado en armas o que había servido para apuntalar en el poder a los regímenes que estaban matando de hambre a aquella pobre gente… Desde los propios países necesitados también se ha criticado que el “activismo de celebridades” (así lo llaman) es contraproducente y acaba haciendo más daño que la ayuda que puede ofrecer a los pueblos más necesitados. Aquella causa tan elogiosa de hace 35 años se ve ahora seriamente cuestionada por un número creciente de voces que opinan que el número de ONGs en la zona se ha multiplicado por 200 desde entonces y esto colabora decisivamente –por una parte- a proyectar una imagen de una África incapaz de subsistir sin el continuo apoyo de Occidente y –por otra parte- a afianzar la corrupción de determinados regímenes políticos. Debo decirles que estas declaraciones (críticas con las ayudas occidentales) a las que he tenido acceso son de personas en torno a 30/40 años y con estudios universitarios, por lo que dudo mucho que se encontraran entre los grupos más desfavorecidos de mediados de los 80 a los que se intentó ayudar.

Como les decía hace unas fechas en el caso de “El árbol caído”, no estoy en condiciones de defender a Bob Geldof de las graves acusaciones que ahora -después de 35 años- le llueven por su iniciativa porque no tengo argumentos sólidos. Tampoco me sumaré a estas críticas, porque francamente algunas tesis me parecen inconcebibles: me resulta difícil creer que unos eventos como los Live Aid, capaces de unir a músicos de todo el mundo, de enterrar enemistades y curar egos irreconciliables sean un montaje para enriquecimiento personal o para fines siniestros. Ojalá hubiera muchas más iniciativas así y se pudiera ayudar a mucha más gente.

Déjenme seguir creyendo.

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