GESTORES PROFESIONALES

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Ayer algunos medios de comunicación se hacían eco de unas manifestaciones de la presidenta del Partido Popular de Asturias (Sra. Mallada) sobre mi empresa (Duro Felguera). Sin entrar a valorar el fondo de sus reflexiones ni a discutir el acierto o el error en las mismas, me llamó la atención el titular que encabezaba la noticia: “Mallada (PP) pide la despolitización de Duro Felguera y la entrada de gestores “profesionales” en la compañía”.

https://www.europapress.es/asturias/noticia-mallada-pp-pide-despolitizacion-duro-felguera-entrada-gestores-profesionales-compania-20210320134730.html

Me encantaría tomar una cerveza con la señora Mallada mientras conversamos y ella me aclara qué es lo que entiende por “gestores profesionales”, yo –mientras tanto- podría contarle mil y una aventuras vividas en mi trayectoria profesional, las dificultades de muchas empresas por las que he pasado a diario (no sólo la mía) y las noches sin dormir que pasan muchos dueños de PYMES para subsistir, para pagar nóminas y estar al día con los impuestos del Estado.

Con el término “profesional” solemos referirnos a aquellas personas que ejercen su actividad, y por la cual son remunerados… así que me temo que en el mundo empresarial no va a encontrar ni un solo gestor que no sea profesional. Si –inasequibles al desaliento- buscamos en alguna ONG, quizá sea posible encontrar gestores que trabajan por amor al arte.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, me parece triste la manera en la que se desvirtúan los términos, como en el caso que nos ocupa: ¿qué entendemos por profesional?

Seguramente que la mayoría de las personas que respondan a esa pregunta dirán “alguien que esté preparado y con una buena formación”, y no les falta razón. La preparación hoy en día es fundamental, debemos formarnos sin parar porque el mundo y la sociedad avanzan y tenemos que estar al día para ofrecer respuestas a los nuevos retos. Pero les aseguro que la formación sola no basta, el nuevo siglo nos ha traído el ejemplo de empresas hundidas a manos de mediocres adornados con títulos, másteres y hasta doctorados en renombradas escuelas y universidades.

El diccionario de la R.A.E tiene una acepción que –espero- se acerque a lo que la Sra. Mallada quería decir: “el que ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes”. Si esta era la acepción elegida debo admitir que estoy de acuerdo con la Sra. Mallada… pero no sólo para mi empresa, sino también para el resto de empresas españolas (públicas y privadas) así como todos los cargos públicos que trabajan para la sociedad y a los que se accede vía oposición, vía elección o vía enchufe. Si exigimos “gestores profesionales” para las empresas privadas, ¿qué deberíamos exigir a quienes manejan nuestros impuestos?, ¿cómo es posible que algunas personas coleccionen trienios o quinquenios en cargos políticos -o amparados por el favor político- después de una incapacidad para el cargo ampliamente demostrada?, ¿podemos considerar “profesional” la gestión de una administración que te cita para un juicio en 2024?, ¿para una radiografía a 3 meses vista?, ¿cuántas noches pasa sin dormir un paciente oncológico hasta que se le hagan las pruebas pertinentes y el doctor de turno le haga un diagnóstico?, ¿conocen a alguien que haya cobrado una prestación por ERTE en tiempo y forma?, ¿cuántas licencias de obra están en este momento paradas en la mesa de un funcionario local o autonómico?… y así podríamos seguir y discutir lo que interpretamos por gestores o una gestión “profesional”.

En más de 20 años he visto cómo muchas empresas entran a veces en dificultades por méritos propios, otras con la complacencia y permisividad del sistema… otras empujadas por la inoperancia de alguna administración de turno, pero todas tienen gestores que cobran lo estipulado en su contrato y que –independientemente de su valía- hacen carrera de empresa en empresa.

Agradezco sinceramente la preocupación de la Sra. Mallada por mi empresa, así como por el resto de empresas asturianas en problemas: en esta tierra y en esta situación se necesitan gestores profesionales que demuestren con resultados su valía, lejos de la mediocridad de quien arriba al cargo con la hoja de servicios saturada de servilismo, por una cuota o porque no vale nada más que para ejercer la adulación perpetua del superior de turno.

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